Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todas las paredes llevan su propia música
que se impregna en ellas
como una capa más de pintura y yeso,
que las hace vivas,
cargadas de sentido,
sensibles al tacto de unas manos sabias
que cuelgan cuadros,
dan luz a un vacío,
sitúan correctamente un libro en un estante,
estrujan como una fruta un cuerpo sobre ellas.
Todas las paredes sean nuevas o viejas
llenan de corrientes sus pulmones,
aprecian el sonido de una voz en compañía,
se miran largamente a través de los espejos,
disfrutan como nadie del más allá
que hay detrás de una ventana.
Esas paredes que ahora serán mi todo
recuerdan junto a mí tu lógica presencia,
el nido que te hiciste en un rincón de mi cama
adonde yo me acercaba para ofrecerte comida
y descubrir la primavera,
que se escondía en tus ojos.
Esas paredes mías llevan su música impresa,
la que juntos compusimos
hace más de dos mil años
cuando sólo éramos el barro
de un proyecto de vida.
que se impregna en ellas
como una capa más de pintura y yeso,
que las hace vivas,
cargadas de sentido,
sensibles al tacto de unas manos sabias
que cuelgan cuadros,
dan luz a un vacío,
sitúan correctamente un libro en un estante,
estrujan como una fruta un cuerpo sobre ellas.
Todas las paredes sean nuevas o viejas
llenan de corrientes sus pulmones,
aprecian el sonido de una voz en compañía,
se miran largamente a través de los espejos,
disfrutan como nadie del más allá
que hay detrás de una ventana.
Esas paredes que ahora serán mi todo
recuerdan junto a mí tu lógica presencia,
el nido que te hiciste en un rincón de mi cama
adonde yo me acercaba para ofrecerte comida
y descubrir la primavera,
que se escondía en tus ojos.
Esas paredes mías llevan su música impresa,
la que juntos compusimos
hace más de dos mil años
cuando sólo éramos el barro
de un proyecto de vida.