necros73
Poeta que considera el portal su segunda casa
Pudo ser cualquiera
I
Anoche cargue en el coche
el colchón, las sábanas, los cojines.
lo llevé todo a un lote baldío,
lo rocíe con gasolina Y
aventé un cerillo
II
Mientras ardía y la humareda se perdía
en el aire de la noche, pensaba con cierta
melancolía que era libre de tu recuerdo.
III
Todo exorcismo implica cierta
dosis de violencia, la destrucción
física / psíquica de una entidad
que nos acosa
IV
Absurdo creer que incinerando
nuestro colchón, tu recuerdo
se perdería en el crepitar
de las llamas, pero era
el único remedio que
faltaba por intentar.
V
Había cambiado las sábanas, los cojines,
la disposición y orientación de la cama,
la había empapado con agua bendita, ron
y tequila. Habían desfilado ya por ella
dos desconocidas y aún así seguías allí,
incrustada, tatuada, aferrada al colchón.
VI
Insomnio, sueños húmedos,
cachondas fantasías que me asaltaban
en el instante en el cual intentaba
conciliar el sueño, cual demonio
etéreo sentía tus caricias en mi piel.
VII
Ya estaba cansado de dormir
en el sillón o en el piso,
dormir en hoteles era el siguiente paso,
por eso quemé el colchón.
VIII
Tal vez mañana compre otro colchón
uno que no tenga memoria,
que no tenga adherido a él
ese fantasma tuyo que no me deje soñar
IX
Tengo un colchón nuevo,
una nueva amante,
una botella de whisky a medio abrir
y tu recuerdo aún rondando por aquí
I
5:17 pm
la segunda taza de café negro.
Viernes otra vez.
II
Ayer caminaba sin rumbo
siguiendo mis pasos
hasta que noté
que me habían traído
de vuelta a ti.
Toqué el timbre y luego
en un lance de valentía
eché a correr.
III
Apenas hace un rato
envié un sobre
sin remitente,
sin carta,
pero con la esencia
de mi loción
y tu dirección
IV
Hace un mes te soñé,
al otro día te vi.
Desde entonces corro
del trabajo a casa
para dormir y soñarte.
V
Hay días que me pregunto
sobre si eres real o sólo
una pasajera obsesión,
de esas que abandonan
el lecho al amanecer
VI
¿De qué prenda te despojaría primero?
¿el saco?
¿la corbata?
¿los zapatos?
¿los pantalones?
¿tus inhibiciones?
VII
5:20 pm
es aún la segunda taza de café negro,
sigue siendo viernes,
sigue estando vacío el asiento
frente a mí.
I
Suena como un disco rayado,
una y otra vez
la misma canción
la misma sensación
de tu presencia.
II
No sé cómo le haces tú
para sobrevivir sin mi.
No sé como le hago yo
para sobrevivir sin ti.
III
Los platos de la semana
Se amontonan en el lavadero,
las colillas desbordan el cenicero.
Ese reloj de pared sigue
marcando la misma hora que ayer.
IV
Domingo a medianoche:
suena el teléfono, contesto
y no escucho tu voz,
sólo tu silencio.
Martes a medianoche:
marco tu número, contestas
no escuchas mi voz,
solo mi silencio.
V
No sé que hacer con ese cuadro,
a mí no me gusta,
pero a ti te encantaba.
Me debato entre:
enviártelo,
esconderlo,
enterrarlo
o simplemente
seguir mirándolo.
VI
Otra vez la misma canción,
como mantra u oración,
que me protege,
que me acerca no al nirvana
o al vacío,
sino a tu olor, a tu esencia
a esa sensación de tus
labios en mi cuello.
I
Puede ser cualquiera.
Podemos ser nosotros.
Cada uno en su soledad,
en su muy privado infierno.
II
Pudo ser cualquiera:
el amante
o el amado
el dejado
o el que deja
el traidor
o el traicionado.
III
Pero lo único cierto
es que está escrito
en una hoja de papel
en algún lado.
Ello basta
para que todo lo escrito
sea real.
I
Anoche cargue en el coche
el colchón, las sábanas, los cojines.
lo llevé todo a un lote baldío,
lo rocíe con gasolina Y
aventé un cerillo
II
Mientras ardía y la humareda se perdía
en el aire de la noche, pensaba con cierta
melancolía que era libre de tu recuerdo.
III
Todo exorcismo implica cierta
dosis de violencia, la destrucción
física / psíquica de una entidad
que nos acosa
IV
Absurdo creer que incinerando
nuestro colchón, tu recuerdo
se perdería en el crepitar
de las llamas, pero era
el único remedio que
faltaba por intentar.
V
Había cambiado las sábanas, los cojines,
la disposición y orientación de la cama,
la había empapado con agua bendita, ron
y tequila. Habían desfilado ya por ella
dos desconocidas y aún así seguías allí,
incrustada, tatuada, aferrada al colchón.
VI
Insomnio, sueños húmedos,
cachondas fantasías que me asaltaban
en el instante en el cual intentaba
conciliar el sueño, cual demonio
etéreo sentía tus caricias en mi piel.
VII
Ya estaba cansado de dormir
en el sillón o en el piso,
dormir en hoteles era el siguiente paso,
por eso quemé el colchón.
VIII
Tal vez mañana compre otro colchón
uno que no tenga memoria,
que no tenga adherido a él
ese fantasma tuyo que no me deje soñar
IX
Tengo un colchón nuevo,
una nueva amante,
una botella de whisky a medio abrir
y tu recuerdo aún rondando por aquí
I
5:17 pm
la segunda taza de café negro.
Viernes otra vez.
II
Ayer caminaba sin rumbo
siguiendo mis pasos
hasta que noté
que me habían traído
de vuelta a ti.
Toqué el timbre y luego
en un lance de valentía
eché a correr.
III
Apenas hace un rato
envié un sobre
sin remitente,
sin carta,
pero con la esencia
de mi loción
y tu dirección
IV
Hace un mes te soñé,
al otro día te vi.
Desde entonces corro
del trabajo a casa
para dormir y soñarte.
V
Hay días que me pregunto
sobre si eres real o sólo
una pasajera obsesión,
de esas que abandonan
el lecho al amanecer
VI
¿De qué prenda te despojaría primero?
¿el saco?
¿la corbata?
¿los zapatos?
¿los pantalones?
¿tus inhibiciones?
VII
5:20 pm
es aún la segunda taza de café negro,
sigue siendo viernes,
sigue estando vacío el asiento
frente a mí.
I
Suena como un disco rayado,
una y otra vez
la misma canción
la misma sensación
de tu presencia.
II
No sé cómo le haces tú
para sobrevivir sin mi.
No sé como le hago yo
para sobrevivir sin ti.
III
Los platos de la semana
Se amontonan en el lavadero,
las colillas desbordan el cenicero.
Ese reloj de pared sigue
marcando la misma hora que ayer.
IV
Domingo a medianoche:
suena el teléfono, contesto
y no escucho tu voz,
sólo tu silencio.
Martes a medianoche:
marco tu número, contestas
no escuchas mi voz,
solo mi silencio.
V
No sé que hacer con ese cuadro,
a mí no me gusta,
pero a ti te encantaba.
Me debato entre:
enviártelo,
esconderlo,
enterrarlo
o simplemente
seguir mirándolo.
VI
Otra vez la misma canción,
como mantra u oración,
que me protege,
que me acerca no al nirvana
o al vacío,
sino a tu olor, a tu esencia
a esa sensación de tus
labios en mi cuello.
I
Puede ser cualquiera.
Podemos ser nosotros.
Cada uno en su soledad,
en su muy privado infierno.
II
Pudo ser cualquiera:
el amante
o el amado
el dejado
o el que deja
el traidor
o el traicionado.
III
Pero lo único cierto
es que está escrito
en una hoja de papel
en algún lado.
Ello basta
para que todo lo escrito
sea real.