Solsticio de primavera
Poeta fiel al portal
Puente celeste
Entre universos de clonazepan deambulan,
débiles luminiscencias internas,
que tan difíciles de ver se hacen ,
que nos la olvidamos entre los sueños.
Esos dejavus suelen tocar una rapsódica melodía,
realizada tiernamente entre el éter de lo pensado.
Y allí es, cuando unas campanadas inician
el aviso del andar,
nos despiertan del letargo artificial en el que nos hundimos,
y volvemos a escribir sentidos en nuestras frentes.
Algo en lo que creer,
otra utopía para no ser vencida por el tiempo,
ni por el otro.
Y cuando cierro los parpados,
y solo veo con el corazón,
escucho suavemente palabras líricas de bellezas y bondades.
Esas energías penetran las defensas que nos atan a latires duros y fríos
y viajan a través de poros como mosquitas adoradoras del resplandor,
hipnotizadas por las irradiaciones de nuestras auras.
Se regocijan en el celeste placer de la luz,
esperando en este cielo profundo la fugaz huida de una estrella,
que nos contemple desde la altura
y nos inicie en la aventura de Icaro,
esperando no quemarnos como él entre ambiciones y esperas
Entre universos de clonazepan deambulan,
débiles luminiscencias internas,
que tan difíciles de ver se hacen ,
que nos la olvidamos entre los sueños.
Esos dejavus suelen tocar una rapsódica melodía,
realizada tiernamente entre el éter de lo pensado.
Y allí es, cuando unas campanadas inician
el aviso del andar,
nos despiertan del letargo artificial en el que nos hundimos,
y volvemos a escribir sentidos en nuestras frentes.
Algo en lo que creer,
otra utopía para no ser vencida por el tiempo,
ni por el otro.
Y cuando cierro los parpados,
y solo veo con el corazón,
escucho suavemente palabras líricas de bellezas y bondades.
Esas energías penetran las defensas que nos atan a latires duros y fríos
y viajan a través de poros como mosquitas adoradoras del resplandor,
hipnotizadas por las irradiaciones de nuestras auras.
Se regocijan en el celeste placer de la luz,
esperando en este cielo profundo la fugaz huida de una estrella,
que nos contemple desde la altura
y nos inicie en la aventura de Icaro,
esperando no quemarnos como él entre ambiciones y esperas