Y de esos amaneceres, vertiendo más café sobre el café, y más tiempo sobre el tiempo…
y algunos pasitos dentro del pecho, y los poemas y las canciones de los caminos…
y las calles de vida, redención, y truenos…
y los fulgores de los pajarillos y las musas de los amparos;
los monos que corretean por los templos, y esos archipiélagos exuberantes…
Y hay construido un nuevo puente sobre esos sueños;
hay un nuevo trampolín a las espesuras,
y un puente de Belén en esa última página de la literatura,
y un “mejor imposible” dentro de ese huevo daliniano.
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