Bravo Coronado
Poeta recién llegado
Tendimos los lazos
más allá de la costa,
más allá de las montañas,
pero el cielo humilló mis palabras,
desplegó mis pesadillas,
durante mil años por mil sitios olvidados.
Tristeza de puente extenuado
que acarrea sueños extintos,
empúñame el corazón desolado,
como el sexo enfundó amarte,
como el aire invadió nuestra miseria.
Tristeza acérrima de lustrabotas en otoño,
cálzame las lágrimas con tu susurro de oro sucio,
que el tiempo se acaba en la mirada
y la hojarasca de tus besos una anciana,
barre sola en la obscuridad.
Sé patente, soledad,
no me lleves por el sendero de los amantes,
calcinados por la ternura,
llévame hacia el parnaso de las ánimas
que sacuden sus penas
en orgiásticas liturgias;
como vagabundos sin mundo,
como la novia que arrastra al novio muerto.
Y sin contemplaciones, herirte,
en el corazón de mis recuerdos.
Y sin remordimientos, evaporar,
mis lágrimas sobre la comisura
de tu sonrisa perenne.
Un sol muerto comienza a esconderse,
por mi espalda trepan astros,
los sueños caen como ropas,
desde mi ventana ya no te veo.
Te digo adiós, un adiós profundo
labrado en las estrellas,
radical y absolutamente verdadero,
porque sólo eres ecos
remanentes del olvido.