Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En la cresta del cielo hay oleajes,
como un resquicio sísmico,
se introduce la tierra en los cadáveres,
los devora en su búsqueda
-Viven de ello la límpida ascendencia y los blasones, y baluartes, catapultas de insomnio.-.
Hierba, que eres la indulta, y la callada
belleza del jardín,
a veces veo sombras en el aire.
Mas esa aparición de postreros repuntes,
como una casta cíclica y sin carne,
pronostica y barrunta mis discursos.
De qué cuerpo se escapa el abandono,
la bandera que iza ese fragor
que confunde el amor con el destino.
En la frondosidad, tan solo allí,
oh, luciérnaga en flor,
mis mosaicos se unen, se enumeran,
como si fuera innato este libertinaje,
de mis ojos se escapan muchas cosas
que merecen quietud y transparencia,
y a veces veo sombras en el aire...
como un resquicio sísmico,
se introduce la tierra en los cadáveres,
los devora en su búsqueda
-Viven de ello la límpida ascendencia y los blasones, y baluartes, catapultas de insomnio.-.
Hierba, que eres la indulta, y la callada
belleza del jardín,
a veces veo sombras en el aire.
Mas esa aparición de postreros repuntes,
como una casta cíclica y sin carne,
pronostica y barrunta mis discursos.
De qué cuerpo se escapa el abandono,
la bandera que iza ese fragor
que confunde el amor con el destino.
En la frondosidad, tan solo allí,
oh, luciérnaga en flor,
mis mosaicos se unen, se enumeran,
como si fuera innato este libertinaje,
de mis ojos se escapan muchas cosas
que merecen quietud y transparencia,
y a veces veo sombras en el aire...