ALYA
Poeta fiel al portal
Si el amor no doliera
habitarías confiado en el espacio
de tus desastres,
te disfrutarías en solitario los aguijones
de tu indomable fiera,
transitarían seguros tus pies
los senderos bulliciosos
de eterna fiesta,
pisoteando los muros alacranados
de tu pasado.
Pero duele,
como duele la luxación
de un hueso que
se salió de su lugar,
solo que ahora
es el músculo loco
que golpea
en el pecho
quien amenaza
con salir y su salida
en su rotura
con lo certero,
trae dolor.
Si el amor no doliera
seguirían tus ojos arrogantes
desafiando
las olas del inmenso mar,
seguirías tú
saboreando el ritual
de la danza alrededor
del fuego
como si nada existiera,
como si nada importara.
y el vaivén
de tu pensamiento
embriagado, turbio,
con sabor a licor,
irrumpiendo
la quietud
de los sueños ajenos,
mientras apoltronado
en tu credo,
haces harén
de poesías bien dispuestas
a tus pies, desnudas,
servidas,
como tu ocupación
primera y última .
Y tu ego golpeando
inclemente la inocencia
de unos labios ofrecidos,
corrompiendo inmisericordemente
la ternura de unas manos
prestas para acariciarte eso que se llama alma,
que talvés ya no tienes.
Qué bueno que duele,
señal de la carne es el dolor,
aviso de la sangre,
soplo de humanidad,
muestra de que eres más que piedra
son las lágrimas que en vano
intentas reprimir.
Qué bueno que duele el amor,
qué bueno es el daño
del fuego que limpia el suelo
donde una nueva vida nacerá.
qué bueno que duele el amor,
si no doliera, seguirías tu siendo fiera.
habitarías confiado en el espacio
de tus desastres,
te disfrutarías en solitario los aguijones
de tu indomable fiera,
transitarían seguros tus pies
los senderos bulliciosos
de eterna fiesta,
pisoteando los muros alacranados
de tu pasado.
Pero duele,
como duele la luxación
de un hueso que
se salió de su lugar,
solo que ahora
es el músculo loco
que golpea
en el pecho
quien amenaza
con salir y su salida
en su rotura
con lo certero,
trae dolor.
Si el amor no doliera
seguirían tus ojos arrogantes
desafiando
las olas del inmenso mar,
seguirías tú
saboreando el ritual
de la danza alrededor
del fuego
como si nada existiera,
como si nada importara.
y el vaivén
de tu pensamiento
embriagado, turbio,
con sabor a licor,
irrumpiendo
la quietud
de los sueños ajenos,
mientras apoltronado
en tu credo,
haces harén
de poesías bien dispuestas
a tus pies, desnudas,
servidas,
como tu ocupación
primera y última .
Y tu ego golpeando
inclemente la inocencia
de unos labios ofrecidos,
corrompiendo inmisericordemente
la ternura de unas manos
prestas para acariciarte eso que se llama alma,
que talvés ya no tienes.
Qué bueno que duele,
señal de la carne es el dolor,
aviso de la sangre,
soplo de humanidad,
muestra de que eres más que piedra
son las lágrimas que en vano
intentas reprimir.
Qué bueno que duele el amor,
qué bueno es el daño
del fuego que limpia el suelo
donde una nueva vida nacerá.
qué bueno que duele el amor,
si no doliera, seguirías tu siendo fiera.