rodrigotoro
Poeta adicto al portal
El amor y su congoja hipnotizan,
su desastrosa esencia me intoxica
en el dolor, y su confusión predica
cada lagrima, que en mi adjudican.
Los desvelos se pasean renovados
inmersos en su rutina de tortura:
de la mano de la voraz locura,
que congrega delirios desbocados.
Aun los fantasmas van asustados,
en su vagancia sempiterna y sin sentido,
de ver tal clamor, de oír tal quejido,
de ser testigos de drama tan condenado
y la lluvia de lamentos asaeta mis sentidos,
con la prestancia y fragancia de la infamia:
señora reputada, de mirada estrafalaria
que decorosamente orquesta mis latidos
¡Que es lo correcto, después de todo?
si acaso un solo sendero fuese definido,
por otra magnitud que no fuese el sin sentido,
donde espejismos y trampas son el único oro
si no poseo brújula ni sextante alguno
que me marque el horizonte fuera de la miseria,
esa hiriente moza, que se embeleca en tragedia,
y con la muerte, día a día, hace su desayuno
¿Qué es lo correcto, mi amor, después de todo?
¿vivir como un monstruo, solo y forajido,
llorando por tu partida en su reducto escondido
o buscando la muerte ahogado en el lodo
No tengo respuestas, ni siquiera una pregunta,
solo mi alma adjunta a un averno de tristeza;
¿De qué sirvió la delicadeza, de que sirvió ser princesa,
si desterraste mi amor como una cosa absurda?
solo me queda el sufrimiento: el no me abandona,
y me cuida como una joya, como su mayor riqueza,
con la devoción de la tumba y la curtida maleza
En un epitafio de metáforas hechas de tu aroma.