Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Nada que decirle a tu mirada;
se muda a un lugar al que no llego
y no hace más que invitarme
al sueño eterno de imaginarte mía...
Tan solo mía en la noche que susurra
con las notas del placer;
que nace de una rosa que me invita
a no dejarte ir a pesar de que tus labios,
son prohibidos.
¿Qué es lo de tu tiempo?
Porque te vuelves sempiterna,
siempre en el rincón más pequeño
donde guardo los recuerdos que no fueron,
y que se desbocan en cascadas
cayendo a mi realidad.
Tus manos te detienen,
sujetando tu figura a la fantasía
porque sabes que ahí...
Nadie te hace daño;
navegando tan solo en la pretensión
de que por fuera solo existes
en el deseo de muchos pescadores,
cuyas redes te mancillan cada prima-noche.
Nada que decirle a tu mirada...
tan solo si quisieras ser mía.
se muda a un lugar al que no llego
y no hace más que invitarme
al sueño eterno de imaginarte mía...
Tan solo mía en la noche que susurra
con las notas del placer;
que nace de una rosa que me invita
a no dejarte ir a pesar de que tus labios,
son prohibidos.
¿Qué es lo de tu tiempo?
Porque te vuelves sempiterna,
siempre en el rincón más pequeño
donde guardo los recuerdos que no fueron,
y que se desbocan en cascadas
cayendo a mi realidad.
Tus manos te detienen,
sujetando tu figura a la fantasía
porque sabes que ahí...
Nadie te hace daño;
navegando tan solo en la pretensión
de que por fuera solo existes
en el deseo de muchos pescadores,
cuyas redes te mancillan cada prima-noche.
Nada que decirle a tu mirada...
tan solo si quisieras ser mía.
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