mariano dupont
Poeta fiel al portal
​ ¡QUE LO PATEE EL FLACO GARCÍA!
El flaco García jamás había errado un penal. Era una leyenda.
Se detenía unos segundos frente a la pelota como un penitente ante su Dios.
Ensimismado, abstraído, como un creyente espiritista frente a la eminencia del mas allá.
Miraba la pelota como Newton a la manzana, reconcentrado como Hamlet ante la eterna duda, como el propio Einstein sumergido en las abstrusas dimensiones del universo.
Entonces llegó la final; faltaban minutos. Era 0-0, pero necesitaban ganar.
¡Penal!. A favor.El flaco García pateó. La pelota por arriba del travesaño.
¡Carajo, siempre fue al bulto y entró ; justo ahora, para asegurarlo lo pensé!
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El flaco García jamás había errado un penal. Era una leyenda.
Se detenía unos segundos frente a la pelota como un penitente ante su Dios.
Ensimismado, abstraído, como un creyente espiritista frente a la eminencia del mas allá.
Miraba la pelota como Newton a la manzana, reconcentrado como Hamlet ante la eterna duda, como el propio Einstein sumergido en las abstrusas dimensiones del universo.
Entonces llegó la final; faltaban minutos. Era 0-0, pero necesitaban ganar.
¡Penal!. A favor.El flaco García pateó. La pelota por arriba del travesaño.
¡Carajo, siempre fue al bulto y entró ; justo ahora, para asegurarlo lo pensé!
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