Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
¿Que
?, ¿que porque te envié esa flor?
talvez fue por tus ojos mágicos,
que me envenenaron en silencio aquel día,
cuando mataron despacio mi agonía
entre la distancia y tu presencia.
O por la hermosura de tus labios rojos,
que con canto de sirena me acercaron a tu orilla,
o por el brillo húmedo, de su figura abstracta
cuando con tu lengua los humedeces entre risas.
También pudo ser por tu cintura,
por la sensualidad de sus movimientos
eróticos, que atrapan mi mirada ingenua,
donde entre fantasía y verdad muero cada día,
entre el deseo y el amor oculto entre mis sabanas.
Talvez por el complementó exacto de los tres,
que me hechizaron, cómplices de aquel día me atraparon,
llenando mi vida de profunda inspiración eterna,
o por mi absurda verdad oculta entre letras falsas y fantásticas.
Otra vez preguntas ¿Qué, porque?
no lo se en realidad no lo se.
Fue como un suspiro del alba enamorada,
del anhelo de beber tus dulces melodías,
y morir despacio en este mundo, para nacer por fin
entre tus brazos, y allí vivir por siempre en tu cariño
Leonardo V
talvez fue por tus ojos mágicos,
que me envenenaron en silencio aquel día,
cuando mataron despacio mi agonía
entre la distancia y tu presencia.
O por la hermosura de tus labios rojos,
que con canto de sirena me acercaron a tu orilla,
o por el brillo húmedo, de su figura abstracta
cuando con tu lengua los humedeces entre risas.
También pudo ser por tu cintura,
por la sensualidad de sus movimientos
eróticos, que atrapan mi mirada ingenua,
donde entre fantasía y verdad muero cada día,
entre el deseo y el amor oculto entre mis sabanas.
Talvez por el complementó exacto de los tres,
que me hechizaron, cómplices de aquel día me atraparon,
llenando mi vida de profunda inspiración eterna,
o por mi absurda verdad oculta entre letras falsas y fantásticas.
Otra vez preguntas ¿Qué, porque?
no lo se en realidad no lo se.
Fue como un suspiro del alba enamorada,
del anhelo de beber tus dulces melodías,
y morir despacio en este mundo, para nacer por fin
entre tus brazos, y allí vivir por siempre en tu cariño
Leonardo V