Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
¿Qué quieres que te diga ,
Si no sé decir otra cosa?
No voy a decir mentiras,
Pues la verdad es ésta,
Quieras o no,
Nunca ha sido otra.
Y lo sabe el viento
Porque se lo dije,
En las mañanas frías,
Cuando el sol apenas asomaba la frente.
Fue un susurro no más,
Y él entendió,
Intentó seguirte, a paso lento,
Callado,
Pero tu mano lo apartó.
Lo sabe también la lluvia,
La amiga lluvia,
Musa, numen, inspiración;
Se lo canté, con murmullos,
Con humedecidas mejillas,
Y ella lo entendió,
Intentó dibujártelo tantas veces,
Como un lienzo de gotas en tu ventana,
Pero tu mirada nunca lo vio.
Lo saben las flores,
Esas coloridas damas,
De fragancia únicas e irrepetibles;
Se los hice saber con caricias,
En cada pétalo mi huella,
En cada tallo iba mi voz,
Y ellas lo entendieron
E intentaron decírtelo,
Pero mis ramos iban siempre al último jarrón.
Lo sabe la luna,
También las estrellas,
En aquellas noches de ilusionados sueños;
Se los entoné desde la cumbre más alta,
Con sencillos versos,
Ellas lo entendieron
E intentaron hablarte
Con juegos de luces, blancos y de color,
Pero siempre cerraste las cortinas de tu habitación.
¿Qué quieres que te diga,
Si no sé decir otra cosa?
Si lo llevo en mi alma,
En los versos y en la prosa,
Si lo dicen mis retinas,
Y mis manos temblorosas,
Óyelo hoy, te ruego,
No te vayas presurosa;
Yo te amo, vida mía,
Yo te amo, niña hermosa.
Si no sé decir otra cosa?
No voy a decir mentiras,
Pues la verdad es ésta,
Quieras o no,
Nunca ha sido otra.
Y lo sabe el viento
Porque se lo dije,
En las mañanas frías,
Cuando el sol apenas asomaba la frente.
Fue un susurro no más,
Y él entendió,
Intentó seguirte, a paso lento,
Callado,
Pero tu mano lo apartó.
Lo sabe también la lluvia,
La amiga lluvia,
Musa, numen, inspiración;
Se lo canté, con murmullos,
Con humedecidas mejillas,
Y ella lo entendió,
Intentó dibujártelo tantas veces,
Como un lienzo de gotas en tu ventana,
Pero tu mirada nunca lo vio.
Lo saben las flores,
Esas coloridas damas,
De fragancia únicas e irrepetibles;
Se los hice saber con caricias,
En cada pétalo mi huella,
En cada tallo iba mi voz,
Y ellas lo entendieron
E intentaron decírtelo,
Pero mis ramos iban siempre al último jarrón.
Lo sabe la luna,
También las estrellas,
En aquellas noches de ilusionados sueños;
Se los entoné desde la cumbre más alta,
Con sencillos versos,
Ellas lo entendieron
E intentaron hablarte
Con juegos de luces, blancos y de color,
Pero siempre cerraste las cortinas de tu habitación.
¿Qué quieres que te diga,
Si no sé decir otra cosa?
Si lo llevo en mi alma,
En los versos y en la prosa,
Si lo dicen mis retinas,
Y mis manos temblorosas,
Óyelo hoy, te ruego,
No te vayas presurosa;
Yo te amo, vida mía,
Yo te amo, niña hermosa.