Qué sabrás tú del mundo,
cenagoso aprendiz de la nada.
Morirán desatendidas
tus tiñosas palabras,
te desvanecerás como el polvo
de algún silicoso recuerdo.
No eres nadie.
Has nacido maldito,
y con tu ruina has de existir.
Se nos antoja astronómico
el precio de la miseria,
la penitencia del más raro,
de entre los raros,
la angustia insomne,
de quien no sabe morir.
cenagoso aprendiz de la nada.
Morirán desatendidas
tus tiñosas palabras,
te desvanecerás como el polvo
de algún silicoso recuerdo.
No eres nadie.
Has nacido maldito,
y con tu ruina has de existir.
Se nos antoja astronómico
el precio de la miseria,
la penitencia del más raro,
de entre los raros,
la angustia insomne,
de quien no sabe morir.