versus
Poeta recién llegado
QUEBRANTO DEL AMOR PURO
I
Ruegos de disculpa entre el solar de la mañana triste.
Compungida sensación que, con sus acerados dedos,
acaricia las canas y arrugas de esta piel
que insiste en estar en pie de guerra
hasta que la deriva se lo lleve
al soñado mar de los náufragos.
Ya quebró la noche del amor puro,
ya partió el bajel de las segundas oportunidades
ardiendo en las venas, penas, tesoros,
disculpas que quiso fuesen como pétalos
de renacidas rosas, que lloviesen entre el rocío
para acallar las voces, siempre al acecho,
que reclaman recuerdos, tristes sensaciones
desde un abismo de agónicos fantasmas.
Si, quizás el mar, sea el perfecto lecho
para descansar entre tanto abandono.
II
Mueres día, sin ánimo de nada,
a contraluz sufriente
en el abrazo de las cárdenas sombras
como un pájaro de espino
clavado en el pecho olvidado.
Y así, cada noche,
te cubre hasta agotarte
en el dintel de un frío
dispuesto a borrar
tus vividos anhelos
y los míos.
No sonreirás hasta la madrugada,
aunque ya no será lo mismo.
Nada es igual o parecido,
nada, ni tan siquiera los días.
III
Ella escribió su cuerpo sobre la cama,
peinó el cabello frente a mi mismo espejo,
supo impregnar mi todo con la mirada,
regaló sonrisas por nada...
Ella, escuchó de mi palabra
una legión de sombras
vestidas de promesas vanas
quedando abiertas sus manos
esperando esa esperanza
que no supe desprender
desde mi rama...
Ella cumplió lo prometido.
Solo ella...
IV
He quemado las palabras
lamiendo la corteza del llanto.
No se entendía la penumbra
y no se leía el verso amar
en los libros de mi pecho.
Ya no hay vida por aquí.
Han sudado las aceras
que conducen al sendero de la lluvia
y se me quiebran las vísceras
Al sentir que caigo en tu abandono.
No sé , tal vez
he sucumbido al verbo
y no sea más que una hoja en blanco
de un árbol sollozante,
aquí, o allá.
V
( Hálito de esperanza )
Ábrete puerta entre la amada pura,
como una salvación de tibios pájaros.
Ciérrate nido espeso en tu lugar
y cruza la razón del aire ungido.
Qué intensas van las horas de la paz.
Melódica manzana. Dulce incendio.
Paloma ensimismada en la memoria
del frágil corazón y sus motivos.
Más blanco el tierno blanco, más, más blanco,
más blanco el susurrar de la alegría
en el confín silente de los ojos.
Ven y quédate.