Soledades intensas, sobre la piel dormida,
Engrandeciendo el dolor y la melancolía;
Son bárbaros los silencios raídos de la noche,
Cuando sentimos que el insomnio nos domina;
El claro amanecer, la luna a oscuras,
Los trémulos labios, desabridos y toscos;
Se adueñan de mi ser en mil locuras,
Que no tienen lugar, en los momentos locos;
Firmamento doliente, alma insensible,
Cuerpos desobedientes, lúgubre escena;
Que tiembla ante el altar del Cristo mismo,
Sin mirar las tinieblas que le aquejan;
Soledades inmensas, sobre la piel dormida,
Ronda amarga y eterna, destructora de sueños;
Paseo triste del sol, que no encuentra el camino,
Bajo el débil fulgor de una llama que muere;
Solo silencios hay, solo hay sombras y quejas,
Solamente recuerdos, con olores a penas;
Solo penumbras hay, en este valle inmenso,
De maldades impunes, de verdades hirientes;
Jasmines
Engrandeciendo el dolor y la melancolía;
Son bárbaros los silencios raídos de la noche,
Cuando sentimos que el insomnio nos domina;
El claro amanecer, la luna a oscuras,
Los trémulos labios, desabridos y toscos;
Se adueñan de mi ser en mil locuras,
Que no tienen lugar, en los momentos locos;
Firmamento doliente, alma insensible,
Cuerpos desobedientes, lúgubre escena;
Que tiembla ante el altar del Cristo mismo,
Sin mirar las tinieblas que le aquejan;
Soledades inmensas, sobre la piel dormida,
Ronda amarga y eterna, destructora de sueños;
Paseo triste del sol, que no encuentra el camino,
Bajo el débil fulgor de una llama que muere;
Solo silencios hay, solo hay sombras y quejas,
Solamente recuerdos, con olores a penas;
Solo penumbras hay, en este valle inmenso,
De maldades impunes, de verdades hirientes;
Jasmines