AndreBreton
Poeta recién llegado
¿QUIÉN ES LA REINA?
Como un lazo atado al fuego
implosiona un eco atormentado,
imposible de seguir
como esa abeja que se nos escurre de la vista
entre otras y su colmena
es un pedido atolondrado
que ni deberia existir quizás
el remitente de un alma y corazón
que dice "no me lastimes por favor"
El perro cruza la calle sin mirar
la luna no le dice nada ya
es como una cantimplora
que nunca llegó a destino
por hechizo gamberro de un espejismo.
Portando la mirada triste, casi agónica
de un perro callejero
llora un piano sin color en sus melodías.
Suplicando al diablo un pacto perjudicial,
por esconder su sonrisa
en el placard de los placeres prohibidos
para siempre
para nadie.
Fué para él,
el rocío que despierta el verde por las mañanas
la catarsis de los sueños mágicos
que se esfuman como arena entre dedos delgados.
El oído comprensivo del aullido perdido del lobo aquel,
en el bosque averno y traidor.
Un empedrado se aplasma
sobre tu brújula en mi ausencia
y ya la confianza es como una fé religiosa
de la cual no me valgo, ni lo haré.
y me transformo en ese cachorro
bajo el injusto pacto del frío paralizante
que obliga su dolor a ceder harapos
hasta al mas vil indigente.
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Como un lazo atado al fuego
implosiona un eco atormentado,
imposible de seguir
como esa abeja que se nos escurre de la vista
entre otras y su colmena
es un pedido atolondrado
que ni deberia existir quizás
el remitente de un alma y corazón
que dice "no me lastimes por favor"
El perro cruza la calle sin mirar
la luna no le dice nada ya
es como una cantimplora
que nunca llegó a destino
por hechizo gamberro de un espejismo.
Portando la mirada triste, casi agónica
de un perro callejero
llora un piano sin color en sus melodías.
Suplicando al diablo un pacto perjudicial,
por esconder su sonrisa
en el placard de los placeres prohibidos
para siempre
para nadie.
Fué para él,
el rocío que despierta el verde por las mañanas
la catarsis de los sueños mágicos
que se esfuman como arena entre dedos delgados.
El oído comprensivo del aullido perdido del lobo aquel,
en el bosque averno y traidor.
Un empedrado se aplasma
sobre tu brújula en mi ausencia
y ya la confianza es como una fé religiosa
de la cual no me valgo, ni lo haré.
y me transformo en ese cachorro
bajo el injusto pacto del frío paralizante
que obliga su dolor a ceder harapos
hasta al mas vil indigente.
Crz
II/7/VIII
II/7/VIII
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