Quién fuera río

Halloran

Poeta asiduo al portal
QUIÉN FUERA RÍO

En la ribera asombrada de sol
y alfombrada de hierba,
mi cuerpo y el alma
te aman.
Desnuda la mañana y desnuda tú,
sólo la sonrisa por vestido,
sólo tu sonrisa.
Devoro
con el ansia del hambriento
la vida cálida y sencilla
que tiembla entre mis brazos.
Descubro
que tu regazo es oasis
y tu cabello abrigo,
que tus manos son seda
y tu pecho refugio.
Me eres tan nueva,
amante antigua,
que soy un niño en día de Reyes.
Tus misterios conocidos
descubro y devoro
en la desnudez cálida y sencilla
de tu sonrisa desnuda.

¿Queda algo más en el tiempo
que no seas tú y la vida?
El pasado,
visto desde tus muslos,
te anunciaba.
El presente
no es sino tu ribera en la ribera,
la sal sin pan que se me ofrece y me empapa y devoro
mientras descubro la desnudez cálida y sencilla
de tu sonrisa desnuda.
El futuro eres tú
en un nosotros
que nos trasciende y supera,
porque fuera de ti no hay nada,
no hay yo,
y sólo en ti gira en mundo.

¿Por qué no gritarlo?
¡El mundo!
Millones de personas
que no son sino por ti...
Y las rocas y los sauces
y las flores de la ribera,
que no son sino por ti...
Y las montañas y el cielo
y las nubes de mil formas
y el viento y las hojas
de los árboles, sus sombras...
no son sino por ti.
Hasta donde alcanza la vista llega
tu vida cálida y sencilla,
desnuda,
sólo la sonrisa por vestido,
sólo tu sonrisa.

Y no me vivo mas que en el descubrirte
y a cada segundo te descubro nueva,
amante antigua,
fresca y renovada como el agua
que baña delicada la ribera.
¡Quien fuera río para acariciarte así!
Y a cada segundo, la novedad
de estarte siempre descubriendo,
de recorrerte por los caminos
que traza la pluma sobre el papel:
que mi boca es pluma y tú
hoja en blanco,
cálida y sencilla
como una sonrisa desnuda.

Deja que te escriba tres palabras,
que te las grabe a beso en la piel.
Una, tu nombre primero;
después, el pronombre "te".
Por último, deja que bese
una tercera palabra que,
por ser la tercera,
tiene tres besos:
alfa del comienzo nuevo,
de la novedad eterna
que eres,
que me eres,
amante antigua;
la "m" del mediodía
cuando el sol alto se encuentra
y calienta su calor
tu desnudez sencilla como la sonrisa;
luego, para terminar,
la omega,
el final. Que también tú
eres final y destino
que ya el pasado anunciaba
y en el presente de besos
anuncias tú el futuro.

¿Sabes, amante antigua renovada?
¡Quien fuera río para acariciarte
como acarician sus aguas la ribera!

(Y en la sonrisa nueva
de la desnudez cálida y sencilla,
la sonrisa).​
 
Dios mio que belleza, quien pudiera ser propietaria de esa sonrisa,
simplemente maravilloso, me histe llorar.
un abrazo
alameda
 
Por ir cumpliendo con lo debido,

- Alameda: Bello nombre, sin duda, el que has elegido. Bello y de refrescante sombra como la de la ribera asombrada de sol y alfombrada de hierba con la que comienzan estos ripios. Y bello también tu comentario, y mucho. Espero que las lágrimas se secasen pronto y no dejasen ese rastro incómodo de ojos enrojecidos y productos cosméticos desplazados. Para mí fue un placer hacerte llorar (frase que suena bastante mal, por otro lado: pero yo sé porqué lo digo y muy posiblemente tú también). Y un placer fue también leerte en este rinconcito ripioso.

- Palini: Me encanta ese "a merced de las olas" en un río, máxime cuando el de mi ciudad suele andar tan escuchimizado que esas "olas" son más bien "hadioses". ¿Baile de palabras? Pues esperemos que no, porque al ser las palabras mías, sin duda pisarán (o quizá "nombrarán") algún pie ajeno. En todo caso, un gusto leerte por mis ripios.

Y mi agradecimiento por la visita, claro.
 

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