Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Quiero amarte como se ama la vastedad del mar,
sin medida, sin frontera, en lo hondo y en lo inmenso,
como se ama el viento que recorre pieles y cielos
y el fuego que arde sin consumirse en su abrazo eterno.
Amarte como se ama la noche,
con susurros que acarician los silencios,
deshojando estrellas en cada beso,
dibujando constelaciones con cada roce de tus dedos.
Quiero amarte en los espacios donde habita el misterio,
en la curva sutil de tu sonrisa,
en el vértigo de tus pestañas cuando caen,
como una lluvia suave que nunca cesa.
Amarte en los instantes invisibles,
donde los sueños se funden con la realidad,
donde no existen límites ni palabras,
solo el eco eterno de nuestras almas entrelazadas.
Amarte como se ama el alba,
cuando los primeros rayos del día acarician la piel dormida,
y todo despierta bajo el hechizo de tu luz,
en el fragor del mundo que apenas comienza a latir.
Quiero amarte en lo profundo de las miradas,
en lo que callamos, en lo que decimos sin voz,
en el vacío entre un latido y el siguiente,
donde lo eterno se viste de carne y deseo.
Amarte como se ama lo que no se posee,
lo que es viento y agua, lo que se escurre entre los dedos
pero deja huellas imborrables en la memoria,
como un incendio que arde sin consumirse.
Amarte sin tregua,
sin miedo a los días que pasan,
con la furia tranquila del sol que siempre vuelve,
con el hambre infinita de vivirte en cada segundo.
sin medida, sin frontera, en lo hondo y en lo inmenso,
como se ama el viento que recorre pieles y cielos
y el fuego que arde sin consumirse en su abrazo eterno.
Amarte como se ama la noche,
con susurros que acarician los silencios,
deshojando estrellas en cada beso,
dibujando constelaciones con cada roce de tus dedos.
Quiero amarte en los espacios donde habita el misterio,
en la curva sutil de tu sonrisa,
en el vértigo de tus pestañas cuando caen,
como una lluvia suave que nunca cesa.
Amarte en los instantes invisibles,
donde los sueños se funden con la realidad,
donde no existen límites ni palabras,
solo el eco eterno de nuestras almas entrelazadas.
Amarte como se ama el alba,
cuando los primeros rayos del día acarician la piel dormida,
y todo despierta bajo el hechizo de tu luz,
en el fragor del mundo que apenas comienza a latir.
Quiero amarte en lo profundo de las miradas,
en lo que callamos, en lo que decimos sin voz,
en el vacío entre un latido y el siguiente,
donde lo eterno se viste de carne y deseo.
Amarte como se ama lo que no se posee,
lo que es viento y agua, lo que se escurre entre los dedos
pero deja huellas imborrables en la memoria,
como un incendio que arde sin consumirse.
Amarte sin tregua,
sin miedo a los días que pasan,
con la furia tranquila del sol que siempre vuelve,
con el hambre infinita de vivirte en cada segundo.