Quietud.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero dulzura o la muerte

enterrada bajo viejos sortilegios

amenazantes de lluvia baja descendida

de columpios internos que buscan su preferida

ave materna



en este aullido

deposito viejas fábricas

auxilios impostados

nuevas convulsiones

epidemias desterradas





y lloro lejana y quietamente

como si de una estrella me tratara

la distancia me corroe pero aún

veo lluvia y distancia

y kilómetros bajo esos aeroplanos

de vestigios improcedentes





aún veo el solsticio hermano

la perfumada mano doliente

el cansancio universal de las cosas

con olor a madera quemada

el consuelo propiciado por una llama

calcinada





y observo más allá

lo que llora

lo que indaga

lo que añora

lo que no está

bajo este sitio de palios con niños

desencontrados





Quiero dulzura o muerte

quietamente



como si de un columpio mi yo se tratara.





Encuentro algún demonio con un anillo

en cada dedo inesperado

un sortilegio de perfidia

acaeciendo lento y sostenido

aumentando el rigor de una máscara

con el hielo bien empaquetado



veo huelo y penetro

las esencias camufladas

el contraste de los líquidos

las amanecidas soñolientas

y un humo como de pradera arrasada



me veo

observáis queridos

un planeta sin misterio





Quiero dulces adjetivos

mentiras circuncisas

hasta la calvicie impropia

por la edad arrebatada

el oro se consume

la ceniza apenas proyecta

el dios de la equidad moneda a moneda

gasta su ciudad en marchamo solitario.



Impronta derribada

es tu humo o el mío

cómo coordinar tu amor

sin que el invierno

me mate de frío.





Sueñan las avenidas

avance continuo

sobre sótanos investigados

sobre calcáreas cuevas de amianto

de luna con su cruz y su cráneo

en punta para arrimar su hombro

de terciopelo.



Quiero escuchadme

un lamento de hierbas

de hierbas plenamente amenazadas

de vegetales ternuras que he mordido

con ese solícito impulso

que da el amor a los feos.





Quiero distanciarme para oírme

no es lo que creéis

pero todavía

en el alma pesa

la llave amaestrada.



Y aquel rosa de los hombres

de los hombres contrariados

de los dolidos y hermosos

de los abolidos sistemáticos.



Me pena no tener más que la luna

miradas de esa bella complejidad

que habla con ella o con la humana

carencia





Pero no más estatuas

siglos he circulado por sus estratos

por sus mentiras de alabastro cansino

por sus hoces comunicantes y sus heces

vomitadas



Hay que elegir

llanto o pena.©
 

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