Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Abro mi corazón insensato,
para que lo dejes paladear entre tus labios,
cada vez que mi latir anuncie tus rasgos
y lo toleres parir entre tus manos,
cada vez que mi elegía se desgarre entre sus vasos.
Perderme entre tus ojos
encontrarme al final del fondo de ellos,
ha sido mi ancestral canto,
cogiendo la fruta mancebo,
hasta acallar mi arribo diseminando,
extraviándome entre mi realidad y tu encanto.
Sostengo la sabiduría de mis años,
que es sólo de haber vivido de tanto en tanto,
tanto como los años que se han marcado en mi obituario,
de otras vidas y de a pedazos,
por seguir tu estela que siempre la he alcanzado.
Misterio de razones acechan a este humano,
que hoy será poeta mañana quizás de palabra minusválido,
atrofiado para construir versos,
que susurren desde mis labios bellos a tus oídos cálidos,
para conspirar con el obsequio de mariposas volando,
desde sus estrechos capullos hacia sus anchos prados.
Quimeras donosescas sonríen ensoñadas,
por este corazón de raulí que os besará extasiado,
cuando acaricies el alba de éste viejo resabio,
que seguirá regando sus conchitas,
a la orilla de su humeante rastro,
que ha dejado su aliento,
para que le veas desde lejos
aún sabiendo que en la selva hay muchos faros pálidos...
para que lo dejes paladear entre tus labios,
cada vez que mi latir anuncie tus rasgos
y lo toleres parir entre tus manos,
cada vez que mi elegía se desgarre entre sus vasos.
Perderme entre tus ojos
encontrarme al final del fondo de ellos,
ha sido mi ancestral canto,
cogiendo la fruta mancebo,
hasta acallar mi arribo diseminando,
extraviándome entre mi realidad y tu encanto.
Sostengo la sabiduría de mis años,
que es sólo de haber vivido de tanto en tanto,
tanto como los años que se han marcado en mi obituario,
de otras vidas y de a pedazos,
por seguir tu estela que siempre la he alcanzado.
Misterio de razones acechan a este humano,
que hoy será poeta mañana quizás de palabra minusválido,
atrofiado para construir versos,
que susurren desde mis labios bellos a tus oídos cálidos,
para conspirar con el obsequio de mariposas volando,
desde sus estrechos capullos hacia sus anchos prados.
Quimeras donosescas sonríen ensoñadas,
por este corazón de raulí que os besará extasiado,
cuando acaricies el alba de éste viejo resabio,
que seguirá regando sus conchitas,
a la orilla de su humeante rastro,
que ha dejado su aliento,
para que le veas desde lejos
aún sabiendo que en la selva hay muchos faros pálidos...