Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Quisiera comerte a pedazos,
no de una manera brutal, sino más bien como quien desarma un reloj antiguo,
paciente, con la fascinación de cada engranaje que se revela.
Te comería primero los silencios, esos que se te escapan entre las palabras,
como se escapan las sombras cuando las luces cambian de dirección.
Luego, iría por tu risa, que se despliega como una mariposa rebelde en medio del caos,
y dejaría que los fragmentos de tiempo y de espacio se detengan en el acto,
hasta que no quede más que una cadencia,
un eco de tus miradas que en realidad nunca se fueron.
Comerte a pedazos,
como quien lee un libro viejo bajo una lámpara de madrugada,
cuando el mundo parece detenerse en los márgenes de tu respiración.
Porque no es devorarte lo que quiero,
es aprenderte,
entenderte en cada mordisco de luz,
en cada sorbo de sombra.
no de una manera brutal, sino más bien como quien desarma un reloj antiguo,
paciente, con la fascinación de cada engranaje que se revela.
Te comería primero los silencios, esos que se te escapan entre las palabras,
como se escapan las sombras cuando las luces cambian de dirección.
Luego, iría por tu risa, que se despliega como una mariposa rebelde en medio del caos,
y dejaría que los fragmentos de tiempo y de espacio se detengan en el acto,
hasta que no quede más que una cadencia,
un eco de tus miradas que en realidad nunca se fueron.
Comerte a pedazos,
como quien lee un libro viejo bajo una lámpara de madrugada,
cuando el mundo parece detenerse en los márgenes de tu respiración.
Porque no es devorarte lo que quiero,
es aprenderte,
entenderte en cada mordisco de luz,
en cada sorbo de sombra.
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