Esta hoja en blanco
no es más que la ausencia de tus labios.
Y mis letras,
no son más que las esperanzas
al ver como se aproximan tus pasos.
Mi amor, ya debes saber,
es un infierno el centro de la ciudad,
y aquí en mi cama,
se incendian las cenizas,
los viejos recuerdos,
los restos de tus cabellos
que yacen en mis sabanas.
No sabes, el futuro envejece,
los días se estancan
como charcos de lluvia en las aceras
victimas de la tempestad del alma.
Amor mío, cómo explicarte
que en mis madrugadas rondan lobos asesinos,
que mis latidos fueron absorbidos
por las corrientes del olvido.
Cariño, bésame que el sol asoma su brillo
y lentamente despiertan dolores
y la humareda que consume mis piernas.
Bésame que necesito el perdón de los ángeles,
que no hay iglesia que me sane,
que mis plegarías se pierden
en el trayecto hacia las estrellas fugaces.
Mi vida, sé que no quedan palabras,
que tu espalda es una bandera blanca
que se rinde en la batalla.
Sé que el insomnio estalla
y el ocaso no solo es parte del día
sino el ejército de las penumbras
que en tu partida ataca.
Basta con observarte durmiendo, niña,
eres un espejismo que mis dedos,
asombrados, no quieren dejar de acariciar.
Eres el deseo de todos los mortales
en busca de la felicidad, la luz
que mis ojos buscan al despertar.
Mi cielo, que más puedo decir,
el aire se purifica cuando me impacta tu recuerdo.
Qué más da si el mundo queda deshabitado
al mismo tiempo que mis manos se entrelazan
como cuerdas de ceda a tus piernas.
No interesa que se extinga
la sociedad y sus miserias,
la pobreza y las guerras,
que mientras el planeta se destruye
y su imperio quiebra, allí estaré yo
alucinado con el parpadeo de tus ojos cansados.-
no es más que la ausencia de tus labios.
Y mis letras,
no son más que las esperanzas
al ver como se aproximan tus pasos.
Mi amor, ya debes saber,
es un infierno el centro de la ciudad,
y aquí en mi cama,
se incendian las cenizas,
los viejos recuerdos,
los restos de tus cabellos
que yacen en mis sabanas.
No sabes, el futuro envejece,
los días se estancan
como charcos de lluvia en las aceras
victimas de la tempestad del alma.
Amor mío, cómo explicarte
que en mis madrugadas rondan lobos asesinos,
que mis latidos fueron absorbidos
por las corrientes del olvido.
Cariño, bésame que el sol asoma su brillo
y lentamente despiertan dolores
y la humareda que consume mis piernas.
Bésame que necesito el perdón de los ángeles,
que no hay iglesia que me sane,
que mis plegarías se pierden
en el trayecto hacia las estrellas fugaces.
Mi vida, sé que no quedan palabras,
que tu espalda es una bandera blanca
que se rinde en la batalla.
Sé que el insomnio estalla
y el ocaso no solo es parte del día
sino el ejército de las penumbras
que en tu partida ataca.
Basta con observarte durmiendo, niña,
eres un espejismo que mis dedos,
asombrados, no quieren dejar de acariciar.
Eres el deseo de todos los mortales
en busca de la felicidad, la luz
que mis ojos buscan al despertar.
Mi cielo, que más puedo decir,
el aire se purifica cuando me impacta tu recuerdo.
Qué más da si el mundo queda deshabitado
al mismo tiempo que mis manos se entrelazan
como cuerdas de ceda a tus piernas.
No interesa que se extinga
la sociedad y sus miserias,
la pobreza y las guerras,
que mientras el planeta se destruye
y su imperio quiebra, allí estaré yo
alucinado con el parpadeo de tus ojos cansados.-