YANCO
Poeta adicto al portal
En el negro ancho esplendor de la noche,
siempre aprieta el delirio,
siempre se escuchan voces.
Así hablaba aquel negro, alto, fuerte, orgulloso,
a los niños del pueblo en la plaza de noche.
Presurosos se sentaban,
los más niños también mozos,
igual todos se aterraban
cuando el negra alza sus voces,
que la bruja en la barranca
y el jinete de mil voces,
que el silbón sale de noche
si la luna se oscurece.
Son las trovas de mi pueblo,
que aferraron sus raíces.
Son las mismas que hoy rescato,
pretendiendo no se olviden.
Ay cultura de mis pueblos,
se decanta en los matices,
de culturas nuevas eras
que desangran los países.
Son el centro de su centro,
Dicen -futuro ya Dios no existe-.
Ocultan su oscuridad
encandilando con falsas luces.
La esperanza no estará
cuando ese mundo, si, te vomite.
siempre aprieta el delirio,
siempre se escuchan voces.
Así hablaba aquel negro, alto, fuerte, orgulloso,
a los niños del pueblo en la plaza de noche.
Presurosos se sentaban,
los más niños también mozos,
igual todos se aterraban
cuando el negra alza sus voces,
que la bruja en la barranca
y el jinete de mil voces,
que el silbón sale de noche
si la luna se oscurece.
Son las trovas de mi pueblo,
que aferraron sus raíces.
Son las mismas que hoy rescato,
pretendiendo no se olviden.
Ay cultura de mis pueblos,
se decanta en los matices,
de culturas nuevas eras
que desangran los países.
Son el centro de su centro,
Dicen -futuro ya Dios no existe-.
Ocultan su oscuridad
encandilando con falsas luces.
La esperanza no estará
cuando ese mundo, si, te vomite.