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Ramos para la princesa

Malex

Poeta recién llegado
Cabello tornasol matizado,
taciturno y amplio al grito
poderoso de mis silencios,
mismos que, ruegan al vacío,
tu mirada de mujer.

A la cual se le busca
para resguardarla en
la profanación de mis instantes
vaciados al viento
por la par de mis brazos.

Imagen caótica, impaciente,
te aman tanto mis añoranzas
pues sin tus acacias
no hay nada para extrañar.

Mucho menos hay razón vital
para beber, para vivir;
no la tengo de por sí
sin tu obligada efloración
de recuerdos, ganas y murmullos.

No acostumbro la impaciencia pero,
sin tu sonrisa revistiéndose de pureza
en los cristales de mis niñas,
sólo queda resbalar tu esencia
por la piel en forma de lágrimas carmín,
como la ausencia que deja tu río.

Despliega ya tus alas amada,
donde quiera que poses tu semblanza
mis cardos matutinos y desvelados
esperan recibir alegres y voraces
todos tus rocíos de agua salvaje.

Ya sea para desanimar mis soledades
o para hurtar despiadadamente
y de una manera sutil, todas y
cada una de mis contraídas ganas
de besarte de gravedad en los labios.

Desnuda lentamente tus hombros,
permíteme la dulce amargura de tu piel
y su zanfonía estradivaria cuando
el sol casi muerto sufre las notas
que salpica tu caminar eviterno.

Llora en mi hombro izquierdo,
enjuaga con tersas dudas mis músculos,
empápalos con tu bálsamo sagrado
de una estrella fugaz.

Rompe con impertinencias mis latitudes,
abátelas con tu meridiano, tu cenit,
ese que sin darme cuenta
ilumina las estradas púrpuras ,
dúctiles y simples de mi pensamiento.

Cámbiate de nombre a la sazón,
nómbrate dulzura, miel o nube,
te aseguro que la madre naturaleza
no distinguirá entre sus flores y tú
si te desnudas en el jardín.

Gracia, gracia y ventura mía,
nunca olvides primor que,
dictaminas con tu cadera
la sentencia de dicho infeliz.
 
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