Tito Alvarez
Poeta recién llegado
[FONT="] RAYOS Y CENTELLAS
[FONT="] ---------------------------------
[FONT="]A nosotros, al principio del camino .....,
[FONT="]por allá, en tierra caliente,
[FONT="]en una fiesta de cumpleaños,
[FONT="]para siempre, nos marco el destino.
[FONT="]Ella, entonces, altiva y muy ardiente,
[FONT="]bella, sin ardides, sin engaños,
[FONT="]alegre y con ese calor del ser divino,
[FONT="]me dio a beber, las mieles de su fuente.
[FONT="]Ansiosos, indiscretos y curiosos,
[FONT="]atraídos por el misterio del amor,
[FONT="]convinimos en unir nuestros destinos,
[FONT="]ignorando las espinas de los rosos.
[FONT="]Y fue grande, muy grande aquel amor,
[FONT="]y mas grande la ilusión que allí vivimos,
[FONT="]con nuestras almas y egos amorosos,
[FONT="]cargados de pasiones, esperanzas y fervor.
[FONT="]Y formamos un lugar bendito,
[FONT="]donde ella, con su amor y con sus mimos
[FONT="]y nuestros eternos cuerpos sudorosos,
[FONT="]llegamos a conocer el infinito.
[FONT="]Nos entregamos y vivimos el amor
[FONT="]y recorrimos todos los caminos,
[FONT="]y nos sentimos felices y orgullosos,
[FONT="]sin pensar jamás en el dolor.
[FONT="]Y cuando ya juntos, de la mano caminando,
[FONT="]y unidos para siempre los destinos,
[FONT="]sin notarlo, llegaron, tiempos tormentosos,
[FONT="]que con nuestra dicha fueron acabando.
[FONT="]Y en la tormenta cayeron rayos y centellas,
[FONT="]los más crueles, dañinos y espantosos,
[FONT="]y así cada ilusión fue agonizando,
[FONT="]tapando nuestro cielo y matando las estrellas.
[FONT="]Se nos acabó la luz, la paz y nuestra vida,
[FONT="]ante tantos enemigos poderosos,
[FONT="]las ilusiones murieron, grandes y pequeñas,
[FONT="]quedando la pasión, maltrecha y malherida.
[FONT="]Y cayeron más rayos y cayeron más centellas
[FONT="]al ver que nuestra pasión sobrevivía.
[FONT="]Y fue tal la tormenta, que en aquel lugar bendito,
[FONT="]no quedaron ni siquiera nuestras huellas.
[FONT="] Tito Alvarez de Mendoza.
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[FONT="]A nosotros, al principio del camino .....,
[FONT="]por allá, en tierra caliente,
[FONT="]en una fiesta de cumpleaños,
[FONT="]para siempre, nos marco el destino.
[FONT="]Ella, entonces, altiva y muy ardiente,
[FONT="]bella, sin ardides, sin engaños,
[FONT="]alegre y con ese calor del ser divino,
[FONT="]me dio a beber, las mieles de su fuente.
[FONT="]Ansiosos, indiscretos y curiosos,
[FONT="]atraídos por el misterio del amor,
[FONT="]convinimos en unir nuestros destinos,
[FONT="]ignorando las espinas de los rosos.
[FONT="]Y fue grande, muy grande aquel amor,
[FONT="]y mas grande la ilusión que allí vivimos,
[FONT="]con nuestras almas y egos amorosos,
[FONT="]cargados de pasiones, esperanzas y fervor.
[FONT="]Y formamos un lugar bendito,
[FONT="]donde ella, con su amor y con sus mimos
[FONT="]y nuestros eternos cuerpos sudorosos,
[FONT="]llegamos a conocer el infinito.
[FONT="]Nos entregamos y vivimos el amor
[FONT="]y recorrimos todos los caminos,
[FONT="]y nos sentimos felices y orgullosos,
[FONT="]sin pensar jamás en el dolor.
[FONT="]Y cuando ya juntos, de la mano caminando,
[FONT="]y unidos para siempre los destinos,
[FONT="]sin notarlo, llegaron, tiempos tormentosos,
[FONT="]que con nuestra dicha fueron acabando.
[FONT="]Y en la tormenta cayeron rayos y centellas,
[FONT="]los más crueles, dañinos y espantosos,
[FONT="]y así cada ilusión fue agonizando,
[FONT="]tapando nuestro cielo y matando las estrellas.
[FONT="]Se nos acabó la luz, la paz y nuestra vida,
[FONT="]ante tantos enemigos poderosos,
[FONT="]las ilusiones murieron, grandes y pequeñas,
[FONT="]quedando la pasión, maltrecha y malherida.
[FONT="]Y cayeron más rayos y cayeron más centellas
[FONT="]al ver que nuestra pasión sobrevivía.
[FONT="]Y fue tal la tormenta, que en aquel lugar bendito,
[FONT="]no quedaron ni siquiera nuestras huellas.
[FONT="] Tito Alvarez de Mendoza.