Rosa Alonso de la Fuente
Poeta recién llegado
En “La Arboleda Perdida”
con Alberti estoy y contigo
con él entre tempestades
contigo en fuego encendido.
Y abrasándome el alma
los recuerdos aflorando impolutos
van fluyendo en cascada
inundando los surcos
de dulzor y nostalgia en su conjunto.
¡Qué bello fue nuestro encuentro!
¡Qué hermoso fue aquel domingo!
Tu acariciaste mi pelo
yo te seguí sin prejuicio.
Sin temor sin esconderme
de la gente ni el marido
caminamos por la calle
como dos buenos amigos.
Tu me hablaste de Onteniente
yo te hablé de Peguerinos
tu sonreíste al mirarme
yo proseguí con lo mismo
y asuntos que no procede
ni quiero exponer distintos.
¡Qué montón de sentimientos!
¡Que cúmulo de estallidos!
Se agolpan en las entrañas
sin dar paso ni respiro
al volcán de las promesas
que de palabra nos dimos.
con Alberti estoy y contigo
con él entre tempestades
contigo en fuego encendido.
Y abrasándome el alma
los recuerdos aflorando impolutos
van fluyendo en cascada
inundando los surcos
de dulzor y nostalgia en su conjunto.
¡Qué bello fue nuestro encuentro!
¡Qué hermoso fue aquel domingo!
Tu acariciaste mi pelo
yo te seguí sin prejuicio.
Sin temor sin esconderme
de la gente ni el marido
caminamos por la calle
como dos buenos amigos.
Tu me hablaste de Onteniente
yo te hablé de Peguerinos
tu sonreíste al mirarme
yo proseguí con lo mismo
y asuntos que no procede
ni quiero exponer distintos.
¡Qué montón de sentimientos!
¡Que cúmulo de estallidos!
Se agolpan en las entrañas
sin dar paso ni respiro
al volcán de las promesas
que de palabra nos dimos.