Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
En tus aguas navegue confiado,
mujer de pieles blancas, y de nombre igual.
Como rosa de nieve enmudecida.
Como el deliro de deseos indomables.
Explore tus contornos cauteloso, paciente.
Como el capullo de un sueño distante,
seguí tus líneas infinitas, peligrosas,
hallando calma silencio y libertad.
Me adentre en tus valles fructíferos,
cautivo de fragancias naturales,
muriendo siempre entre tus pausas superiores
dejando que el viento, guíe mis pasos.
Subí tus cumbres, en alas de ternura,
cantando siempre, en tu oído la verdad,
sentí el calor de tus fragancias infinitas,
y el latir profundo, de un corazón apresurado.
Y al final, bebí, de la fuente inmaculada,
entre las cumbres de tus muslos paradójicos,
tembló el mundo entero en tus gemidos.
Y en el recuerdo vivo hoy, por ti esperando.
Leonardo V.
mujer de pieles blancas, y de nombre igual.
Como rosa de nieve enmudecida.
Como el deliro de deseos indomables.
Explore tus contornos cauteloso, paciente.
Como el capullo de un sueño distante,
seguí tus líneas infinitas, peligrosas,
hallando calma silencio y libertad.
Me adentre en tus valles fructíferos,
cautivo de fragancias naturales,
muriendo siempre entre tus pausas superiores
dejando que el viento, guíe mis pasos.
Subí tus cumbres, en alas de ternura,
cantando siempre, en tu oído la verdad,
sentí el calor de tus fragancias infinitas,
y el latir profundo, de un corazón apresurado.
Y al final, bebí, de la fuente inmaculada,
entre las cumbres de tus muslos paradójicos,
tembló el mundo entero en tus gemidos.
Y en el recuerdo vivo hoy, por ti esperando.
Leonardo V.
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