Redondo, como el celo de un mamífero
o como la energía, circular
cuando se ensancha el tiempo en la certeza
de regresos acuáticos, sin límites
en la holgura marina
que reposa debajo de las ganas,
así he girado hasta tu piel de arena.
Mis dedos blanqueados por apéndices
de espera te acarician,
rodeándote
con crecientes terapias invisibles
que convierten tu nombre en mis sentidos,
y muestras orgullosa
el aliento potable
que bebe mi deseo y la escritura
de la complicidad en la distancia.
Tus ojos son la alarma que me avisa
de la inminencia, de la sed, del hambre,
de la inmortalidad de la tendencia
tangencial que mestiza las dos circunferencias.
o como la energía, circular
cuando se ensancha el tiempo en la certeza
de regresos acuáticos, sin límites
en la holgura marina
que reposa debajo de las ganas,
así he girado hasta tu piel de arena.
Mis dedos blanqueados por apéndices
de espera te acarician,
rodeándote
con crecientes terapias invisibles
que convierten tu nombre en mis sentidos,
y muestras orgullosa
el aliento potable
que bebe mi deseo y la escritura
de la complicidad en la distancia.
Tus ojos son la alarma que me avisa
de la inminencia, de la sed, del hambre,
de la inmortalidad de la tendencia
tangencial que mestiza las dos circunferencias.