Alejandro Leza
Poeta recién llegado
¡Se gratinan mis caricias!
Tu piel abrasa mis deseos,
los quema,
los abruma en tu pecho que reclama,
tiempos idos en que mi vida se baldaba.
Impulsos en tu vientre
que se nutren de recuerdos;
nos mutan en primaveras,
en mañanas en que el sol nos desnudaba,
como a Dioses privados
de sus más profundas ansias.
Manos que reviven,
que trascienden en el tiempo
hacia momentos más felices,
que anhelantes los arrancan
y los vuelven frutos que coexisten.
Lecho renovado que es la hoguera,
donde las pasiones antes ciegas,
encienden la lujuria que más que nuca,
descubrimos en el mantra de estos besos,
que bautizan el reencuentro.
¡No me olvides corazón!
Recuerda en el alba que corona
estas noches,
que la esencia de mi alma,
se presenta siempre pura
cuando hacemos el amor;
que es la huella de hace años,
perdida entre la bruma del dolor,
pero que hoy regresa humilde...
ansiosa por arder en tu calor.
Tu piel abrasa mis deseos,
los quema,
los abruma en tu pecho que reclama,
tiempos idos en que mi vida se baldaba.
Impulsos en tu vientre
que se nutren de recuerdos;
nos mutan en primaveras,
en mañanas en que el sol nos desnudaba,
como a Dioses privados
de sus más profundas ansias.
Manos que reviven,
que trascienden en el tiempo
hacia momentos más felices,
que anhelantes los arrancan
y los vuelven frutos que coexisten.
Lecho renovado que es la hoguera,
donde las pasiones antes ciegas,
encienden la lujuria que más que nuca,
descubrimos en el mantra de estos besos,
que bautizan el reencuentro.
¡No me olvides corazón!
Recuerda en el alba que corona
estas noches,
que la esencia de mi alma,
se presenta siempre pura
cuando hacemos el amor;
que es la huella de hace años,
perdida entre la bruma del dolor,
pero que hoy regresa humilde...
ansiosa por arder en tu calor.