pedro hernández
Poeta que considera el portal su segunda casa
Suavemente ladeando cae
al vacio el petalo de la rosa,
ó, será, una nostagia de
primavera que vuela inocente,
en el pensamiento oculto,
mientras una lluvia, transpira
tu perfume en la distancia y
mi silencio.
Mis sueños llegarán a la luna
y de regreso, siento la pequeña
gota de sangre, que alimenta
la salvia de cada planta, y asi
el amor, dice adios, se despide
de ti, adios señor, adios y el
señor se enojo.
A lo lejos, una voz entrecortada
de un te quiero sin amar, solo se
puede escuchar, es como decir,
si la muñeca, tiene dos kent,
entonces a quien ama, de los dos,
o juega con cada uno de ellos,
si, amigo, la mujer infiel, nunca
puede amar a nadie, solo ella
disfruta el momento y ya.
Estacionario con cada pensamiento,
acesorado por la biblia poso mis
ojos desgastados en el techo de la
casa, y mi lecho desbastaria, los
ruidos que produce la luna cada noche.
Asi, se inicia el viaje de una barca
al olvido, una golondrina vuela atravez
del atardecer y solo un vuelo rasante
dice adios a este mundo, la sonrisa de
un muchacho vagabundo se complace
con el ave muerta en sus manos,
asi, muere el amor, sin destino, ni tiempo,
ni nostagia herida, quien entiende el amor.
Pedro Jesus Hernandez Requena.
Autor Original.
Maracay Venezuela...
al vacio el petalo de la rosa,
ó, será, una nostagia de
primavera que vuela inocente,
en el pensamiento oculto,
mientras una lluvia, transpira
tu perfume en la distancia y
mi silencio.
Mis sueños llegarán a la luna
y de regreso, siento la pequeña
gota de sangre, que alimenta
la salvia de cada planta, y asi
el amor, dice adios, se despide
de ti, adios señor, adios y el
señor se enojo.
A lo lejos, una voz entrecortada
de un te quiero sin amar, solo se
puede escuchar, es como decir,
si la muñeca, tiene dos kent,
entonces a quien ama, de los dos,
o juega con cada uno de ellos,
si, amigo, la mujer infiel, nunca
puede amar a nadie, solo ella
disfruta el momento y ya.
Estacionario con cada pensamiento,
acesorado por la biblia poso mis
ojos desgastados en el techo de la
casa, y mi lecho desbastaria, los
ruidos que produce la luna cada noche.
Asi, se inicia el viaje de una barca
al olvido, una golondrina vuela atravez
del atardecer y solo un vuelo rasante
dice adios a este mundo, la sonrisa de
un muchacho vagabundo se complace
con el ave muerta en sus manos,
asi, muere el amor, sin destino, ni tiempo,
ni nostagia herida, quien entiende el amor.
Pedro Jesus Hernandez Requena.
Autor Original.
Maracay Venezuela...