Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
REFLEXIONES DE UN MUERTO INEXISTENTE.
Y el ingenio no te llega a la mano,
me plagias al diablo y a sus escritores,
cambias versos por dagas que abren corazones,
la sangre sale como racimos de uva y a borbotones,
expulsas de tu boca oraciones de pasión en negro,
que regurgite el misterio de las alas rotas de un ángel,
y que no alce el vuelo ninguna golondrina,
Se junte el polvo de un desierto y te haga nave,
que te creas transmutado en Hibris, aunque no lo seas.
Cuando en la languidez del mundo,
se despierte la pasión y el deseo vea
como unos muslos le hacen corrientes al agua de la lujuria,
te creas Niso que reconquista el Ática,
vierta en tu cabello el sol una caricia,
te adorne las sienes con un aura,
de crespones quieras vaciar a las cuencas de los ojos,
que no se alumbren las cavernas de los salmos,
ardan pergaminos y templos en la indiferencia del tiempo.
Y el ingenio no te llega a la mano,
me plagias al diablo y a sus escritores,
cambias versos por dagas que abren corazones,
la sangre sale como racimos de uva y a borbotones,
expulsas de tu boca oraciones de pasión en negro,
que regurgite el misterio de las alas rotas de un ángel,
y que no alce el vuelo ninguna golondrina,
Se junte el polvo de un desierto y te haga nave,
que te creas transmutado en Hibris, aunque no lo seas.
Cuando en la languidez del mundo,
se despierte la pasión y el deseo vea
como unos muslos le hacen corrientes al agua de la lujuria,
te creas Niso que reconquista el Ática,
vierta en tu cabello el sol una caricia,
te adorne las sienes con un aura,
de crespones quieras vaciar a las cuencas de los ojos,
que no se alumbren las cavernas de los salmos,
ardan pergaminos y templos en la indiferencia del tiempo.
Arranque el viento del soplido de los muertos,
los barrotes del engaño de las ventanas,
venganza en gritos de los aulladores,
roncas palabras en el bordado de los humos,
que se alzan de los calderos a los oídos de un nazareno,
y esos pálidos lirios que lloran lágrimas
en los redobles de los tambores de los infiernos.
los barrotes del engaño de las ventanas,
venganza en gritos de los aulladores,
roncas palabras en el bordado de los humos,
que se alzan de los calderos a los oídos de un nazareno,
y esos pálidos lirios que lloran lágrimas
en los redobles de los tambores de los infiernos.
Hades alza su himno y rapta una y otra vez
en su mundo a Persefone, esta callada se deja,
devora con dentellada ruin su razón y la deja,
perpleja en desamor o semimuerta en el amor de un sueño,
y te ofreces entregado y les pides a los Ciclopes,
el regalo de un segundo casco de piel de perro,
que la invisibilidad sea parte voluntaria de tu soberbia.
Más el alma guarda tu secreto y las flores del mal,
guardan el luto junto a unas hojas blancas,
a morirse no opusieron resistencia ni las palabras
ni los acentos, se santiguan las estrofas y sin ser creyentes,
piden en silencios las llamas de la pureza,
que el fuego sea la plegaria de sus rezos,
y Heracles mande sus flechas envenenadas,
Quiron cae con el pecho abierto,
que queden como testigos esos gusanos,
royendo con ansiedad los huesos,
que no digieren las gargantas de las bestias,
el cielo de la noche más negra,
quedo sin el piar del fuego de los dragones,
y los cuerpos reciban el baño de tierra en el hueco,
de sus tumbas abiertas, ansían ya, el descanso eterno.
en su mundo a Persefone, esta callada se deja,
devora con dentellada ruin su razón y la deja,
perpleja en desamor o semimuerta en el amor de un sueño,
y te ofreces entregado y les pides a los Ciclopes,
el regalo de un segundo casco de piel de perro,
que la invisibilidad sea parte voluntaria de tu soberbia.
Más el alma guarda tu secreto y las flores del mal,
guardan el luto junto a unas hojas blancas,
a morirse no opusieron resistencia ni las palabras
ni los acentos, se santiguan las estrofas y sin ser creyentes,
piden en silencios las llamas de la pureza,
que el fuego sea la plegaria de sus rezos,
y Heracles mande sus flechas envenenadas,
Quiron cae con el pecho abierto,
que queden como testigos esos gusanos,
royendo con ansiedad los huesos,
que no digieren las gargantas de las bestias,
el cielo de la noche más negra,
quedo sin el piar del fuego de los dragones,
y los cuerpos reciban el baño de tierra en el hueco,
de sus tumbas abiertas, ansían ya, el descanso eterno.
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