Me refugio en la noche,
húmeda caverna cavada en mi silencio,
un hueco forzado entre hoy y mañana,
donde al tiempo duermo,
y mis heridas curo.
Un lugar,
donde las olas bravías del atardecer no llegan,
esperando afuera las tormentas,
con falsa reverencia, arqueando ramas,
invitándome a una batalla por demás tardía.
Mis gritos ya no son truenos,
ni azules relámpagos mi mirada.
Mi espada enfundada,
manchada con la sangre del aire cortado,
aire... enterrado hace años,
en memoria de nobles momentos.
Ya vendado,
despierto a los segundos y minutos.
Las barreras del tiempo levantan,
para que pase el día, el sol brillante,
y aunque grotesco parezca,
espinas también avanzan,
entre las ultimas sombras del olvido,
colgadas de los primeros rayos
de un imposible amor.