evy pineda
Poeta recién llegado
Son las horas idas las que detienen mi voz .
Los ecos al vacío insondable golpean mi cañón,
con subitas olas preñadas que me causan inmenso dolor,
destruyen lento mis adentros,amputan y duele tanto este muñón.
La sal del mar ausente hierve mis carnes
convulsa y contorsionada muere mi alma gentil;
el agua penetra los huecos, agoniza, es muy tarde,
muere el halcón presa de un depredador sutil.
La nada entonces hace su entrada con silenciosas campanas
los ojos antes mutantes yacen en inerte calma,
Al resucitar le subyuga la nada, al sentir entregar su alma;
y se desborda en el silencio que desflora ya sus ganas.
Rasga en susurros el crepusculo esta inocente luz de aura.
Muda los colores y exhibe un calor especial,
ya libre de lo mortal en glorioso ser se transfigura
su fulgor penetra el horizonte y se convierte en regia luz caudal.
Los ecos al vacío insondable golpean mi cañón,
con subitas olas preñadas que me causan inmenso dolor,
destruyen lento mis adentros,amputan y duele tanto este muñón.
La sal del mar ausente hierve mis carnes
convulsa y contorsionada muere mi alma gentil;
el agua penetra los huecos, agoniza, es muy tarde,
muere el halcón presa de un depredador sutil.
La nada entonces hace su entrada con silenciosas campanas
los ojos antes mutantes yacen en inerte calma,
Al resucitar le subyuga la nada, al sentir entregar su alma;
y se desborda en el silencio que desflora ya sus ganas.
Rasga en susurros el crepusculo esta inocente luz de aura.
Muda los colores y exhibe un calor especial,
ya libre de lo mortal en glorioso ser se transfigura
su fulgor penetra el horizonte y se convierte en regia luz caudal.
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