Una vez que se ve París uno no vuelve contento a su hogar.
Una vez que se contempla el fragor del Sena, no hay agua que calme tu sed.
Una vez que haces el amor con sus estatuas de oro, ya no hay amante mejor.
Por eso regreso a la sombra cabizbajo,
con una luna suicida bajo los párpados.
Por eso solo hago que llorar sobre un libro caduco de Victor Hugo
y me abrazo a los recuerdos que se difuminan en mi mente cansada.
Por eso cierro las ventanas de mi casa y obstruyo las rendijas de las puertas
para que de alli no escape ni un halo de lo que fui en París.
Cuanta melodía clausurada, por las gotas de rocio que como un barco de vela
guardo en un botella de vidrio fino, me hace llorar.
Será lento y doloroso pero después de haberla visto
solo la muerte calmará mi dolor.
Una vez que se contempla el fragor del Sena, no hay agua que calme tu sed.
Una vez que haces el amor con sus estatuas de oro, ya no hay amante mejor.
Por eso regreso a la sombra cabizbajo,
con una luna suicida bajo los párpados.
Por eso solo hago que llorar sobre un libro caduco de Victor Hugo
y me abrazo a los recuerdos que se difuminan en mi mente cansada.
Por eso cierro las ventanas de mi casa y obstruyo las rendijas de las puertas
para que de alli no escape ni un halo de lo que fui en París.
Cuanta melodía clausurada, por las gotas de rocio que como un barco de vela
guardo en un botella de vidrio fino, me hace llorar.
Será lento y doloroso pero después de haberla visto
solo la muerte calmará mi dolor.