Querida reina de mi corazón ya no sé que decirte ni de qué hablarte. Si es del ayer me dices que son batallitas pasadas. Si son del ahora me dices no son mas que ruidos y humo. Y del mañana no puedo hablarte, porque aún llegando ese mañana tú no estarás y no quiero imaginar nada sin tí.
Si no te digo nada me dices que no quiero disipar la niebla que me envuelve, y si consigo después de muchos intentos que me oigas me llamas vendedor de elixiris baratos y milagrosos.
Solo me queda oirte , cosa que no me desagrada en absoluto; porque cuando consigo arrancarte una risa la mañana se abre y se ilumina y me siento un hombre afortunado y sé que tanto esfuerzo ha merecido la pena.
Así que he decidido que te seguiré escuchando perfecto e inmovil como el díos de Aristoteles, menuda cruz tengo yo contigo reina de los cojones.
Si no te digo nada me dices que no quiero disipar la niebla que me envuelve, y si consigo después de muchos intentos que me oigas me llamas vendedor de elixiris baratos y milagrosos.
Solo me queda oirte , cosa que no me desagrada en absoluto; porque cuando consigo arrancarte una risa la mañana se abre y se ilumina y me siento un hombre afortunado y sé que tanto esfuerzo ha merecido la pena.
Así que he decidido que te seguiré escuchando perfecto e inmovil como el díos de Aristoteles, menuda cruz tengo yo contigo reina de los cojones.
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