Reloj de arena

Arnau

Poeta recién llegado
La arena cae, lánguidamente, sobre el vacío inescrutable,
va consumiendo el oscuro fondo que, translúcido, aún deja ver
retazos de dorados campos de trigo como mares,
bajo las nubes: amarillo, blanco, azul. Nada que temer.

La arena cae, formando rios infinitos a mi mirada,
oda en caída libre... ¡Qué tempestuosa, como marea embravecida!
y envía olas inmensas a la ciudad desvelada...
cayendo, en el olvidado vacío, sin que nada la detenga.

No lágrimas, no lluvias, no esperanzas, dejad naufragar en soledad
al pequeño velero que viaja, aún valientemente, por sueños de cristal...
dejad que él mismo se hunda, cansado de su íntima realidad,
o hasta que, varado el cualquier orilla, la melancolía solar le consuma...

La arena, fina, casi imperceptible, va cubriendo las velas,
la cubierta, las habitaciones, y nada queda ya en el tiempo,
tiempo como avispas, como crueles revelaciones,
nada queda ya en el tiempo, sólo una noche de silencio.

Abrázame ahora que ya nada queda, ahora que nada importa,
olvida todo, piensa sólo en este presente que será último...

Pinta las nubes, cuenta estas estrellas que nos miran tristes,
después de todo, lo único que añoraremos será los unos a los otros.
 
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