Rose Quartz
Poeta recién llegado
Voy a la montaña donde hicimos aquella promesa.
Bajo el árbol centinela de nuestra cuerda dorada.
Las olas en confidencia desde la costa empinada,
Narraron junto a los cormoranes toda esa proeza.
Aquí me quedé sentado, esperando años, lustros, siglos.
Tu semblanza, fuego fatuo en mi periferia observando.
Y en mi subconsciente retumbó el: “hasta pronto, querido”,
Últimos retazos en mi mente, pétreos, grabados.
Pero mi cara se agrietó, mi corazón asfixiado,
mis recuerdos uno a uno los desvaneció el padre tiempo.
Lloré, lloré lágrimas teñidas de mi ser misántropo,
Pues con esa lengua de plata me habías traicionado.
Pero entendí que en realidad no puedes regresar,
mientras mi esencia se fundía junto a la madre tierra,
en las nubes, el inframundo y en esta misma sierra,
Exclamé al final: “pronto nos vamos a reencontrar”.
Bajo el árbol centinela de nuestra cuerda dorada.
Las olas en confidencia desde la costa empinada,
Narraron junto a los cormoranes toda esa proeza.
Aquí me quedé sentado, esperando años, lustros, siglos.
Tu semblanza, fuego fatuo en mi periferia observando.
Y en mi subconsciente retumbó el: “hasta pronto, querido”,
Últimos retazos en mi mente, pétreos, grabados.
Pero mi cara se agrietó, mi corazón asfixiado,
mis recuerdos uno a uno los desvaneció el padre tiempo.
Lloré, lloré lágrimas teñidas de mi ser misántropo,
Pues con esa lengua de plata me habías traicionado.
Pero entendí que en realidad no puedes regresar,
mientras mi esencia se fundía junto a la madre tierra,
en las nubes, el inframundo y en esta misma sierra,
Exclamé al final: “pronto nos vamos a reencontrar”.
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