Rendición

Fabiola Montes

Poeta asiduo al portal
Pensé claudicar.
Cortar de mis venas
los hilos de plata
de tu amor que no ama.

Tome el puñal.
Extendí el brazo.
Me contuvo el suspiro
de tus besos
en mi cuello.

Me envolviste suave
con el abrazo del deseo.
Sentí el calor
con el que quema el hielo.

Mi voluntad se quebró,
como rompe el sonido
el cristal del silencio.
El puñal cayó al suelo.

Temblé entera.
Me abracé a tu cuerpo.
Vacié la rabia sobre tu boca
en miles de besos.

Entrelazados,
como dos serpientes en duelo,
la noche se hizo día
y se ocultó el sol de nuevo.

Claudicó mi voluntad.
Quede a ti atada por cadenas de hierro.
Mi corazón convertido
en un pedazo de hielo.
 
Apasionado poema de amor no presentas con vibrantes estrofas que calientan con su ardoroso recitado.

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Pensé claudicar.
Cortar de mis venas
los hilos de plata
de tu amor que no ama.

Tome el puñal.
Extendí el brazo.
Me contuvo el suspiro
de tus besos
en mi cuello.

Me envolviste suave
con el abrazo del deseo.
Sentí el calor
con el que quema el hielo.

Mi voluntad se quebró,
como rompe el sonido
el cristal del silencio.
El puñal cayó al suelo.

Temblé entera.
Me abracé a tu cuerpo.
Vacié la rabia sobre tu boca
en miles de besos.

Entrelazados,
como dos serpientes en duelo,
la noche se hizo día
y se ocultó el sol de nuevo.

Claudicó mi voluntad.
Quede a ti atada por cadenas de hierro.
Mi corazón convertido
en un pedazo de hielo.
Vibrante poema que se resiste contra natura esclavo de la pasión tan fuerte.
Saludos de Saturno
 
Pensé claudicar.
Cortar de mis venas
los hilos de plata
de tu amor que no ama.

Tome el puñal.
Extendí el brazo.
Me contuvo el suspiro
de tus besos
en mi cuello.

Me envolviste suave
con el abrazo del deseo.
Sentí el calor
con el que quema el hielo.

Mi voluntad se quebró,
como rompe el sonido
el cristal del silencio.
El puñal cayó al suelo.

Temblé entera.
Me abracé a tu cuerpo.
Vacié la rabia sobre tu boca
en miles de besos.

Entrelazados,
como dos serpientes en duelo,
la noche se hizo día
y se ocultó el sol de nuevo.

Claudicó mi voluntad.
Quede a ti atada por cadenas de hierro.
Mi corazón convertido
en un pedazo de hielo.
Así suele suceder en el amor llega a perderse hasta la voluntad, volviendose marionetas en el amor muy bonito poema el que compartes
muy grato leerte, un cálido saludo
 
Pensé claudicar.
Cortar de mis venas
los hilos de plata
de tu amor que no ama.

Tome el puñal.
Extendí el brazo.
Me contuvo el suspiro
de tus besos
en mi cuello.

Me envolviste suave
con el abrazo del deseo.
Sentí el calor
con el que quema el hielo.

Mi voluntad se quebró,
como rompe el sonido
el cristal del silencio.
El puñal cayó al suelo.

Temblé entera.
Me abracé a tu cuerpo.
Vacié la rabia sobre tu boca
en miles de besos.

Entrelazados,
como dos serpientes en duelo,
la noche se hizo día
y se ocultó el sol de nuevo.

Claudicó mi voluntad.
Quede a ti atada por cadenas de hierro.
Mi corazón convertido
en un pedazo de hielo.
Muy bello poema, el amor como tabla de salvación a pesar de las cadenas que conlleva. Me gusta como escribes amiga Fabiola. Abrazote vuela. Paco.
 
Gracias Paco, aunque no sé si en este caso el amor sea una tabla de salvación o sólo una condena, dulce, pero condena.
 

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