Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
REPARTIDOR DE AMOR
Yo no sé quién es
el repartidor del amor,
lo que sí sé
es que no es
muy justo que digamos:
casi nunca llega a tiempo,
a veces es muy tacaño
y otras, demasiado espléndido...
Nos trae de golpe
una descarga de sentimientos
y emociones, que a veces
ni sabemos qué hacer con ellos:
las alacenas del alma
no son suficientes para guardarlos.
(Quiera dios que no tengamos
que esconderlos,
porque se notan
como el rojo en la nieve).
En el amor
no se puede ahorrar nada,
derrochamos a manos locas
las caricias y los besos,
sin pensar en un mañana.
(Y más vale que así sea,
porque la vida
no tiene de honor
ninguna palabra).
El amor es una linda enfermedad,
pero deja tantas secuelas:
fermenta los recuerdos
de una manera,
que el más pequeño detalle
está llamado a la eternidad,
y el más sutil
de los besos, puede desencadenar
la más prohibida pasión.
Yo no sé quien será
el repartidor del amor,
pero sí sé
que, aunque tarde,
siempre llega.
Y te trae y te deja
ese regalo que al abrirlo,
habrá de decirte
quién eres en realidad.
No pide propina,
al contrario: en darnos de más
se obstina...
Soñamos con los ojos abiertos,
sonreímos por cualquier tontería...
¡escribimos cada cursilería!
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Yo no sé quién es
el repartidor del amor,
lo que sí sé
es que no es
muy justo que digamos:
casi nunca llega a tiempo,
a veces es muy tacaño
y otras, demasiado espléndido...
Nos trae de golpe
una descarga de sentimientos
y emociones, que a veces
ni sabemos qué hacer con ellos:
las alacenas del alma
no son suficientes para guardarlos.
(Quiera dios que no tengamos
que esconderlos,
porque se notan
como el rojo en la nieve).
En el amor
no se puede ahorrar nada,
derrochamos a manos locas
las caricias y los besos,
sin pensar en un mañana.
(Y más vale que así sea,
porque la vida
no tiene de honor
ninguna palabra).
El amor es una linda enfermedad,
pero deja tantas secuelas:
fermenta los recuerdos
de una manera,
que el más pequeño detalle
está llamado a la eternidad,
y el más sutil
de los besos, puede desencadenar
la más prohibida pasión.
Yo no sé quien será
el repartidor del amor,
pero sí sé
que, aunque tarde,
siempre llega.
Y te trae y te deja
ese regalo que al abrirlo,
habrá de decirte
quién eres en realidad.
No pide propina,
al contrario: en darnos de más
se obstina...
Soñamos con los ojos abiertos,
sonreímos por cualquier tontería...
¡escribimos cada cursilería!
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
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