coral
Una dama muy querida en esta casa.
Repentino amor
Llegó con la estrella
que alumbraba las perfumadas
noches de doncella pura
con el aliento de la luna,
con el almíbar de palabras y de risas
donde no estaban empañadas,
esas dichas de saberse protegida
por las verdaderas caricias
de unas manos suaves
que cultivaron el alma noble,
pensado que en la vida no había errores
solamente un jardín de flores.
Danzando con suspiros,
esperando ver más de cerca las nubes
para retozar con ellas sin evadirse
de este mundo con sabor amargo;
Encontrando la hiedra venenosa,
enredando una flor no deshojada,
cubriéndola con la maleza de sus hojas,
quitándole la luz del sol,
dejándole pálida su sonrisa,
en una oscuridad casi vencida,
sin fuerzas para encontrar
esa luz brillante y blanquecina,
que nos da la savia de la vida.
Hoy casi petrificada,
encontró la flor, -casi marchita-
un rayito de sol entre las brumas,
despertando la esperanza de vivir de nuevo
y esos pétalos, perfuman sus oscuros laberintos
para encontrar su camino ya perdido
y despiertan su corazón que está dormido,
bañada de una gota de rocío
y esa savia que nos da la vida,
encontrando de nuevo la esperanza
y no morir marchita,
¡sin perfumar la estancia casi desolada!
Prudencia Arenas
Coral.
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