Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cada noche entre sus brazos era un frenesí,
una palabra de su boca, la nota de una canción,
una canción que iba y venía sin fin
y que al amanecer amanecía en mi corazón.
Sus besos más suaves que un algodón de azúcar
y sus ojos dos luceros que iluminan mi oscuridad,
tan a tiempo viaja el tiempo para amar
que la noche que anochece, anochece con serenidad.
Siempre saludaba con una risa a la mañana
y al mediodía el día se detenía para verla,
la dicha es un sueño que sueña en su almohada
y su piel es un jardín para quererla.
Al amor nunca le importaron las cosas débiles,
ni dejó de ser humano por ser divino,
habitó entre los reyes y los gentiles
conquistando lo que conquistan los bendecidos.
Repitiendo repetimos lo que se repite de madrugada
y diciendo "digo" decimos lo que sentimos,
repitiendo se repiten las luces en su ventana
y sus caricias se atreven a dormir conmigo.
Cada tarde nos vimos y nos volvimos un poco más,
las batallas siempre se celebraban con gran pasión,
mañana si aún me quieres, te querré besar
y mañana aunque ya no me ames, te amaré yo.
Ahora nos mordemos y nos morimos sin compasión
y se atreve el cielo a romper el hielo para bailar,
donde dicen "siempre" ahí vamos ella y yo
y el sol es un amigo para platicar.
una palabra de su boca, la nota de una canción,
una canción que iba y venía sin fin
y que al amanecer amanecía en mi corazón.
Sus besos más suaves que un algodón de azúcar
y sus ojos dos luceros que iluminan mi oscuridad,
tan a tiempo viaja el tiempo para amar
que la noche que anochece, anochece con serenidad.
Siempre saludaba con una risa a la mañana
y al mediodía el día se detenía para verla,
la dicha es un sueño que sueña en su almohada
y su piel es un jardín para quererla.
Al amor nunca le importaron las cosas débiles,
ni dejó de ser humano por ser divino,
habitó entre los reyes y los gentiles
conquistando lo que conquistan los bendecidos.
Repitiendo repetimos lo que se repite de madrugada
y diciendo "digo" decimos lo que sentimos,
repitiendo se repiten las luces en su ventana
y sus caricias se atreven a dormir conmigo.
Cada tarde nos vimos y nos volvimos un poco más,
las batallas siempre se celebraban con gran pasión,
mañana si aún me quieres, te querré besar
y mañana aunque ya no me ames, te amaré yo.
Ahora nos mordemos y nos morimos sin compasión
y se atreve el cielo a romper el hielo para bailar,
donde dicen "siempre" ahí vamos ella y yo
y el sol es un amigo para platicar.