Camy
Camelia Miranda
Despacio palpita la tarde,
solaza los acentos en la orilla,
en bandoneón que se inspira
cuando el cielo se deja pintar
y la arena, permite la caricia
del silencio que le entona,
y la va colmando en su finitud
al arribo de la gema nocturnal.
Es esta placidez que se respira;
la quietud a ras con el rey
decano en partitura que ofrenda
y rebosa la merecida bendición,
es la mirada del ocaso,
que abanica la batuta de bemoles,
precisa al arrebol que lo viste
justo para impregnar la imagen,
es el milagro esculpiendo al mar,
que posa la tibieza al final del día
más allá del refugio que duerme,
es... nirvana que embriaga el alma.
(Publicado en Mundo Poesía el 27 de Mayo del 2010)
solaza los acentos en la orilla,
en bandoneón que se inspira
cuando el cielo se deja pintar
y la arena, permite la caricia
del silencio que le entona,
y la va colmando en su finitud
al arribo de la gema nocturnal.
Es esta placidez que se respira;
la quietud a ras con el rey
decano en partitura que ofrenda
y rebosa la merecida bendición,
es la mirada del ocaso,
que abanica la batuta de bemoles,
precisa al arrebol que lo viste
justo para impregnar la imagen,
es el milagro esculpiendo al mar,
que posa la tibieza al final del día
más allá del refugio que duerme,
es... nirvana que embriaga el alma.
(Publicado en Mundo Poesía el 27 de Mayo del 2010)
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