Meigo
Poeta Reconocido
Joven prisión de madera barnizada
y costillas dispuestas a reír.
Dejas hacer sombra en los pasillos
a las carcajadas de la muerte
que replican su aliento
a los ancianos
que perdieron el tímpano
en el último latido
de su corazón como tal.
La luz y los colores solidarios
caminan despacio,
de la mano de esos locos bajitos
que perdieron mi nombre en un descuido,
que perdieron la costumbre
de besar con los labios
para hacerlo con el alma.
Corredor de la suerte
que ocupa sus juegos de azahar
en la capilla.
Ancianos que te enseñan
sin que nadie les haya enseñado,
que te enseñan
pretéritos perfectos de la poesía.
Aún recuerdo a los viejos
que miraban por la ventana
mientras veían al horizonte venir
con noticias en la mano
firmadas por una tinta destintada.