Mitra
Poeta adicto al portal
En aquella iglesia Barroca
hablando con una monja,
se encuentra aquella señora
que con piel otoñal abrirá su historia . . .
<Parte de la siguiente historia está basada en un hecho real del cual se cambiaron datos>
De un feliz matrimonio
de 3 años que sin demoro
trajeron a sus vidas dos pequeños retoños
dos niñas amadas sin decoro.
A los tres meses de haber nacido de ellas la mayor
la madre embarazada quedo
y tan seguidas las dos
eran como gemelas, si las vieras que esplendor!
La abuela de ellas las amaba
no podía considerar el mundo más perfecto
será que acaso ese enorme sentimiento
solo es comprensible cuando uno llega a serlo.
Más un día sin razón
una alegría incontenible arrasó
el rostro y el espíritu de la niña menor
que comenzó a vivir sus días en descontrol.
A los cinco años se levantaba
apenas arribaba el alba,
y la ultima en acostarse era
-hiperactiva... pensaban -tal vez sea-.
En la escuela de preescolar
a los cinco años de su despertar...
al llevarlas a un cumpleaños ,
su madre atónita de su energía quiso preguntar...
-Malena ¿por que no paras?...
tanto júbilo, ponte a descansar-
-No puedo mamá...
por que no por mucho tiempo voy a estar-.
Palabras de una niña pensó
y aunque asombrada quedo
solo por su salud se preocupó,
más significado no le dio.
Y así pasaron los años,
la familia que armaba un hermoso cuadro
siguió su rutina del día a día
todo tan típico como creyó la señora siempre sería.
Cuando las niñas ya tenían
diez años de una feliz vida
con Malena sumida en su interminable alegría
todo se encontraba en una inquebrantable armonía.
-Si, se recuerdan aquellos juegos
el verlas desde la ventana sin velos
saltando la cuerda o corriendo con desenfreno
por la calle casi intransitada en todo momento.-
Más en un atardecer nublado
de una visita volvían todos en el auto
por la autopista de gris asfalto
donde no se advirtió tal espanto.
Los gritos que no se escucharon
los días que se terminaron
aquellas vidas que se marcaron
con una vuelta sin reparo.
Otro vehículo velos colisionó
en un parpadeo todo lo sembrado se seco,
no se sabe si cabe en esta descripción
la magnitud de tan cruel conmoción:
La madre aún joven, internada inundo
sus ojos con el sabor doliente del adiós
por que su alma contemplo
el más crudo y palpitante dolor.
Su marido también internado quedo
y fue poco tiempo el que duro
por que en sus sueños se repetía aquella sensación
de odiar la vida hasta que en ocho meses murió.
Más aquel impacto cumplió
lo que la niña desde pequeña soñó,
murió al instante sin sentir dolor
dejando apagarse esa luz que tan esplendorosa brilló.
Cuando fue rescatada su amada abuela
del auto destrozado sin reversa
dijo si una nieta mía muere me iré con ella...-
y cuando supo cumplió su promesa.
Las dos solas en el mundo
se miraban sin entender como pudo
ser tan solo un segundo
el revés a su mundo crudo.
La pequeña fue creciendo
sin olvidar pero sabiendo
que sus seres amados le estarían diciendo ...
- Si nos amas y por que te amamos debes seguir resistiendo -.
La madre sumida en su sufrir
no tubo fuerzas para vivir
en la realidad y prefirió mentir
sus horas que color vino se vieron teñir.
Ya con doce Julia terminó
sus estudios primarios que pasó
yendo sola a la escuela, sola caminó
también como sola, sola se recibió.
Y al volver a su desolado caserón
todas las tardes fue lo primero que miró
a su madre tendida en la mesa y le susurró...
-te quiero,¿cuándo vas a volver?- y la recostó.
La indignación era demasiada
el dolor no se borra con la plata
esa indemnización no es nada
para tapar las heridas talladas.
En esos bastos años oscuros y crueles
fueron dos topes, dos veces
las que el suicidio fracasó impudente
ante el destino que marco de la señora su suerte.
Así como las hojas caen otoñales
cual indicio de la madures más calma,
luego el viento trae tormentas, ventiscas heladas
y las desparrama, pero el árbol espera su revancha.
Igual que antes su fuerza soportó
la dolencia, el frío, la soledad y el temor
por que en aquellos ojos ausentes por el alcohol
no quería contagiarse así que sus estudios prosiguió.
Tras los inviernos despiadados con los pies descalzos
descuidadas noches con botellones de vino desparramados
se vio una de la que despertó sin buscarlo
y abriendo sus ojos miró el amanecer dorado.
Y al acercarse al mirador de la puerta en reclamo
por los golpes débiles de suaves manos
abrió precipitada encontrando amparo
termino su invierno y comenzó su primavera en llanto.
Su hija, mujer de fuertes brazos
cargaba a un niño y llevaba a otro de la mano
que le dijo sin hablarle mil palabras en un abrazo
un beso tan cálido como esa calle en primavera, contrastado.
Allí terminó el extenso relato
de la señora que tenía en su mano un rosario
que le regaló su hija aquel día soleado,
en este mundo sin dios más que la voluntad del cambio.
" Mitra "
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