Resignación, resignación, resignación.
Pronuncio tres veces esta palabra,
frente a un espejo, únicamente me ilumina la luz de una vela.
Le invoco una vez más.
Pero como nunca le había necesitado,
¡Venga, saque este imposible, sáquelo!
¡ Sáquelo, se lo imploro!
Sáquelo, porque me esta matando...
No me importa cuanto duela,
no puede doler más de lo que me esta doliendo,
o de lo que puede llegar a doler.
¡Venga!
Venga fría, tajante, pero comprensiva, objetiva, y auxiliadora
como siempre.
Venga, sáquelo usted.
No permita que lo saque la realidad.
Eso no lo soportaría.
Eso sí me dolería.
Eso sí me mataría.
Pronuncio tres veces esta palabra,
frente a un espejo, únicamente me ilumina la luz de una vela.
Le invoco una vez más.
Pero como nunca le había necesitado,
¡Venga, saque este imposible, sáquelo!
¡ Sáquelo, se lo imploro!
Sáquelo, porque me esta matando...
No me importa cuanto duela,
no puede doler más de lo que me esta doliendo,
o de lo que puede llegar a doler.
¡Venga!
Venga fría, tajante, pero comprensiva, objetiva, y auxiliadora
como siempre.
Venga, sáquelo usted.
No permita que lo saque la realidad.
Eso no lo soportaría.
Eso sí me dolería.
Eso sí me mataría.