Armando Nervo
Poeta recién llegado
En el hogar, donde el amor se anida,
los padres son faros, guían nuestra vida.
Con sabiduría y amor nos enseñan,
el valor del respeto, como joya divina.
Desde la niñez, con paciencia nos cuidaron,
nuestros sueños y miedos, siempre escucharon.
Con manos amorosas, nos dieron apoyo,
en cada paso que dimos, en cada esfuerzo.
El respeto hacia ellos es un lazo sagrado,
un tributo a quienes nos han dado,
la vida, la guía, el techo y el pan,
un regalo eterno, un plan divino y sutil.
En cada consejo, en cada mirada,
en cada sacrificio, en cada jornada,
los padres nos muestran el camino a seguir,
y merecen el respeto, sin dudar, sin medir.
A veces en la juventud, en la rebeldía,
olvidamos sus enseñanzas, su sabiduría.
Pero en sus corazones, nuestro amor perdura,
merecen respeto, en cada aventura.
El respeto a los padres es un deber supremo,
un tributo sincero, un acto verdadero.
En sus historias, en sus arrugas, en su piel,
se esconde la vida, el valor, el laurel.
Cuando envejezcan, merecen más aún,
nuestra atención, cariño, y el lazo común.
En su vejez, con ternura les brindemos,
el respeto profundo que merecemos.
En estos versos, rindo homenaje sentido,
al respeto a los padres, siempre compartido.
En sus manos, nuestra historia se forja,
y con amor y respeto, en sus pasos se forma
En la familia, en la amistad, en la sociedad,
el respeto es la base de la convivencia en verdad.
Es la semilla que germina en el corazón,
y florece en actos de comprensión.
En la escuela, el trabajo, en todo lugar,
el respeto es un pilar que debemos abrazar.
Así, en cada acto y en cada palabra,
el respeto y los valores son la obra que labra.
Respetar a otros y a uno mismo también,
es la clave para un mundo más sano y cabal.
En la diferencia hallamos riqueza y color,
en el respeto, encontramos amor
los padres son faros, guían nuestra vida.
Con sabiduría y amor nos enseñan,
el valor del respeto, como joya divina.
Desde la niñez, con paciencia nos cuidaron,
nuestros sueños y miedos, siempre escucharon.
Con manos amorosas, nos dieron apoyo,
en cada paso que dimos, en cada esfuerzo.
El respeto hacia ellos es un lazo sagrado,
un tributo a quienes nos han dado,
la vida, la guía, el techo y el pan,
un regalo eterno, un plan divino y sutil.
En cada consejo, en cada mirada,
en cada sacrificio, en cada jornada,
los padres nos muestran el camino a seguir,
y merecen el respeto, sin dudar, sin medir.
A veces en la juventud, en la rebeldía,
olvidamos sus enseñanzas, su sabiduría.
Pero en sus corazones, nuestro amor perdura,
merecen respeto, en cada aventura.
El respeto a los padres es un deber supremo,
un tributo sincero, un acto verdadero.
En sus historias, en sus arrugas, en su piel,
se esconde la vida, el valor, el laurel.
Cuando envejezcan, merecen más aún,
nuestra atención, cariño, y el lazo común.
En su vejez, con ternura les brindemos,
el respeto profundo que merecemos.
En estos versos, rindo homenaje sentido,
al respeto a los padres, siempre compartido.
En sus manos, nuestra historia se forja,
y con amor y respeto, en sus pasos se forma
En la familia, en la amistad, en la sociedad,
el respeto es la base de la convivencia en verdad.
Es la semilla que germina en el corazón,
y florece en actos de comprensión.
En la escuela, el trabajo, en todo lugar,
el respeto es un pilar que debemos abrazar.
Así, en cada acto y en cada palabra,
el respeto y los valores son la obra que labra.
Respetar a otros y a uno mismo también,
es la clave para un mundo más sano y cabal.
En la diferencia hallamos riqueza y color,
en el respeto, encontramos amor
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