Cuando esté turbio de uno mismo el trago,
déjame de vuelta y media, bailarina;
cuando haya quebrado ese sol en mi pecho…
deja que llore mi estómago, en su fondo de estrellas de mar…
por los alvéolos de la frontera, anclado en mi canción de peces…
atado a otro jirón de la voluntad, en la respiración bondadosa, hasta que te merezca.
déjame de vuelta y media, bailarina;
cuando haya quebrado ese sol en mi pecho…
deja que llore mi estómago, en su fondo de estrellas de mar…
por los alvéolos de la frontera, anclado en mi canción de peces…
atado a otro jirón de la voluntad, en la respiración bondadosa, hasta que te merezca.
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