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Resplandeces

Teo Moran

Poeta fiel al portal
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Resplandeces en el zaguán del recuerdo,
en una atmosfera blanca por el salitre
y por el vuelo rasante de la golondrina.
Resplandeces en la hoja del almendro
donde un niño juega a solas y alegre
sin entender nada de lo que le rodea.
Resplandeces en la quietud del tiempo,
en el nacer silencioso y redundante
desde las entrañas al rigor de la herida.
Resplandeces en el canto frío del salmo
junto al eco íntimo de tu febril mente
que solloza en la ausencia de la palabra.
Resplandeces en el alma de los niños,
entre las alas sublimes de los ángeles
que son refugio a tu tristeza y alegría.
Resplandeces con cada nuevo latido
sin mas bagaje que el sonoro acorde
del corazón con su dulce melodía.
Resplandeces en el libre albedrío,
entre las letras llenas de emociones
al dictado de unas hojas llenas de vida.
Resplandeces en el amor ponderado
y en la enajenación de la mente
al sentirse de nuevo vivo cada mañana.
Resplandeces con cada copa de vino,
en los himnos agrestes de antiguos héroes
que son cantados cada madrugada.
Resplandeces en los dedos de las manos,
en el agitado borboteo de la fuente
y en el verde mar de trigo de mi alma.
 
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Resplandeces en el zaguán del recuerdo,
en una atmosfera blanca por el salitre
y por el vuelo rasante de la golondrina.
Resplandeces en la hoja del almendro
donde un niño juega a solas y alegre
sin entender nada de lo que le rodea.
Resplandeces en la quietud del tiempo,
en el nacer silencioso y redundante
desde las entrañas al rigor de la herida.
Resplandeces en el canto frío del salmo
junto al eco íntimo de tu febril mente
que solloza en la ausencia de la palabra.
Resplandeces en el alma de los niños,
entre las alas sublimes de los ángeles
que son refugio a tu tristeza y alegría.
Resplandeces con cada nuevo latido
sin mas bagaje que el sonoro acorde
del corazón con su dulce melodía.
Resplandeces en el libre albedrío,
entre las letras llenas de emociones
al dictado de unas hojas llenas de vida.
Resplandeces en el amor ponderado
y en la enajenación de la mente
al sentirse de nuevo vivo cada mañana.
Resplandeces con cada copa de vino,
en los himnos agrestes de antiguos héroes
que son cantados cada madrugada.
Resplandeces en los dedos de las manos,
en el agitado borboteo de la fuente
y en el verde mar de trigo de mi alma.
Gratos momentos de inocencia y experiencias.
Cada latido de vida es un paso que perdemos.

Saludos
 
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