Emmanuel Delawer
Poeta fiel al portal
En ese instante su ultimo aliento,
también fue, el primero,
sentía de vuelta en sus labios
cada caricia que le había abandonado.
desde ahí, desde el piso décimo,
todo se veía diferente,
menos arrogante diría.
con mayor libertad,
pero igual moriría.
Con menos intención que deseos
de postergar la difícil decisión,
con la impostergable misión tomada,
abrió sus ojos y seguía ahí,
sobre el piso décimo,
con las manos extendidas,
descifrando el viento,
buscándole algún sentido a la vida,
un sentido que nunca encontró,
y que jamás encontraría,
ni en sus dibujos de niño,
ni en los labios que tanto amo,
por que ya era demasiado tarde,
caía a ese abismo que nunca entendió.
Aún no había abierto la puerta,
ni visto los dos cuerpos sobre la cama,
no había tirado angustiosamente
el anillo al piso,
sé había dado cuenta,
que la amó sin ser amado,
aún no había subido
cinco pisos arriba,
pero ya era demasiado tarde
había abierto la puerta,
y su desgracia caía junto con él al piso.
Acababa con todos los sufrimientos
Que le habían mentido,
¿Que era lo cruel se preguntaba?,
Morir o haber vivido,
Ya ninguna interrogante tenía importancia,
Había vivido una vida que no era suya,
ni de esa identidad distante
conocida como amor,
por que toda su vida,
solo fue una mentira
que nunca vivió.
Es difícil no pensar
en todo lo que vivió,
pero valdría la pena,
en su infancia desgraciada
soñar que hubo colores,
que pudo haber amado,
algo que no fuera su conciencia.
En el piso la sangre corría por su boca
y de su rostro, una lagrima,
una lágrima rodaba en su mejilla,
su sonrisa plácida ahí estaba
gustoso abraso la muerte,
lo que nunca supo,
es que si de alguna forma existió.
