Jorge Mosquera
Poeta recién llegado
Retrato de mi ira
porque te quiero
Llegó la noche una vez más,
y nada ha cambiado en mí.
Sigo amándote, pensándote.
Maldigo el instante y sus segundos,
la eternidad de tu ausencia,
la debilidad de mi alma,
el estruendoso recuerdo de tu nombre.
Maldigo mi incapacidad para pensar claramente,
sin que tú formes parte de mis decisiones.
Los parques llenos de ángeles caídos,
las calles inundadas de misterios olvidados,
los árboles danzantes llenos de ramas marchitadas,
el viento helado se ha angustiado,
la ciudad no encuentra su armonía.
Todo ese mundo que me rodea también lo maldigo.
Y entonces recuerdo,
que mi mundo se ha convertido en lo que es,
porque no estás conmigo,
y en aquel momento, hago un esfuerzo y te maldigo.
Pero maldecir lo que se ama es imposible,
es como tratar de aniquilar la belleza de la luna,
como tratar de encontrar la melodía del silencio.
es tratar de separar los mares con un suspiro,
tratar de dibujar en el cielo surcos con un dedo.
¡Qué iluso!
Me decido entonces a poner los pies en el suelo,
a pisar tierra firme,
en vez de andar caminando por las nubes,
buscando el camino que me lleve a tu cielo.
Ya no te maldigo, ni siquiera lo intento,
pues ya demostré que es imposible.
Mejor me maldigo yo mismo,
por no ser capaz de dejar de quererte.
y nada ha cambiado en mí.
Sigo amándote, pensándote.
Maldigo el instante y sus segundos,
la eternidad de tu ausencia,
la debilidad de mi alma,
el estruendoso recuerdo de tu nombre.
Maldigo mi incapacidad para pensar claramente,
sin que tú formes parte de mis decisiones.
Los parques llenos de ángeles caídos,
las calles inundadas de misterios olvidados,
los árboles danzantes llenos de ramas marchitadas,
el viento helado se ha angustiado,
la ciudad no encuentra su armonía.
Todo ese mundo que me rodea también lo maldigo.
Y entonces recuerdo,
que mi mundo se ha convertido en lo que es,
porque no estás conmigo,
y en aquel momento, hago un esfuerzo y te maldigo.
Pero maldecir lo que se ama es imposible,
es como tratar de aniquilar la belleza de la luna,
como tratar de encontrar la melodía del silencio.
es tratar de separar los mares con un suspiro,
tratar de dibujar en el cielo surcos con un dedo.
¡Qué iluso!
Me decido entonces a poner los pies en el suelo,
a pisar tierra firme,
en vez de andar caminando por las nubes,
buscando el camino que me lleve a tu cielo.
Ya no te maldigo, ni siquiera lo intento,
pues ya demostré que es imposible.
Mejor me maldigo yo mismo,
por no ser capaz de dejar de quererte.